


El Partido Demócrata Cristiano (PDC) de Uruguay ocupa un lugar fundamental en la memoria política del país por su rol protagónico en la creación del Frente Amplio en 1971.
También por ceder el histórico lema electoral y la lista original (808) para sortear las restricciones legales de la época. Sin embargo, su trayectoria posterior refleja un proceso complejo de fragmentación, pérdida de caudal electoral y dispersión territorial.
LA CAÍDA PROGRESIVA
El PDC no solo aportó la estructura legal inicial al FA, sino también figuras clave como Juan Pablo Terra, Daniel Sosa Días, José Luis Veiga, Romeo Pérez y un jovensisimo Héctor Lescano.
Tras la dictadura militar, la fractura interna del Frente Amplio en 1989 llevó al PDC a retirarse temporalmente junto a Lista 99 (Crepúsculo) para formar el Nuevo Espacio, retornando al FA en la década de 1990.
Al reincorporarse al Frente Amplio, el espacio socialcristiano y de centroizquierda moderada fue absorbido gradualmente por alianzas más amplias. Su integración en sectores como la Alianza Progresista (Lista 738, junto a Rodolfo Nin Novoa y Héctor Lescano) y, más recientemente, la plataforma Fuerza Renovadora (encabezada por Mario Bergara), diluyó la marca PDC como lista independiente a nivel nacional.
EL PDC EN SALTO
La lectura que hacemos sobre el ámbito local coincide con la dinámica general de la región norte. Los dirigentes históricos que sostenían el ideario democristiano en el departamento han ido retirándose de la actividad pública o mantienen una militancia testimonial. Ante la falta de un armado local propio y con capacidad de arrastre, los militantes y referentes intermedios han migrado hacia otros espacios del FA en Salto —como el espacio del seregnismo (Bergara), la Vertiente Artiguista o sectores vinculados al liderazgo departamental de Andrés Lima político de origen democratacristiano.
Sin una dinámica cotidiana ni listas propias potentes en las elecciones departamentales o nacionales, el PDC en Salto ha quedado relegado a una memoria afectiva e histórica más que a una fuerza con peso en la toma de decisiones locales.
En síntesis, aunque el partido conserva su personería y su lugar en los libros de historia política uruguaya, en la práctica cotidiana y territorial —especialmente en Salto— ha quedado reducido a un grupo muy acotado de veteranos dirigentes, habiendo traspasado su base electoral e ideológica a otras corrientes del Frente Amplio.
CARLOS TEXEIRA VARESE
Carlos Texeira Varese fue el primer diputado del Frente Amplio por Salto en 1971 y pertenecía al PDC.
El caso de Carlos Texeira Varese es un hito fundamental en la historia política de Salto y del Frente Amplio a nivel departamental. En las elecciones de noviembre de 1971, Texeira resultó electo como el primer diputado del Frente Amplio por el departamento, representando al Partido Demócrata Cristiano (PDC) dentro de la naciente coalición de izquierdas.
En esa elección inaugural, la lista del PDC (la 808) sirvió como el gran paraguas legal e institucional para que el Frente Amplio pudiera presentarse a nivel nacional y departamental. En Salto, el PDC contaba con una base militante sólida, nutrida por profesionales, docentes y sectores del cristianismo social de fuerte inserción comunitaria.
Texeira Varese asumió su banca en febrero de 1972 en un clima político nacional sumamente convulso, signado por el deterioro democrático, la violencia política y el camino hacia el golpe de Estado de junio de 1973. Su labor parlamentaria fue breve debido al cierre del Parlamento por la dictadura militar.
Su elección representó el momento de mayor volumen político y representación propia del PDC salteño. Para la izquierda local, Texeira quedó marcado como el dirigente que abrió la brecha institucional del Frente Amplio en un departamento históricamente dominado por las divisas tradicionales (Colorada y Nacional).
La trayectoria de Texeira refleja precisamente ese contraste con la realidad actual, pasó de ser la fuerza motriz y la cara visible de la entrada del Frente Amplio al Parlamento por Salto, a convertirse en la referencia de una tradición política que con las décadas fue perdiendo peso orgánico en el territorio.
ESOS DUROS MOMENTOS
La campaña electoral de 1971 en Salto fue única, efervescente y sumamente tensionada. El departamento, con una tradición de arraigo batllista y blanco, vivió la irrupción del Frente Amplio como un sismo político que rompió la hegemonía de las divisas tradicionales.
El país y el departamento atravesaban un clima de alta confrontación social bajo la aplicación de las Medidas Prontas de Seguridad del gobierno de Jorge Pacheco Areco. En Salto, el nivel de agitación se sentía en las calles, con movilizaciones estudiantiles y gremiales de docentes, bancarios y trabajadores rurales.
Para muchos salteños de clase media, profesionales, médicos, docentes y sectores del catolicismo social, dar el salto hacia la izquierda no era sencillo. La presencia del Partido Demócrata Cristiano (PDC) con la lista 808 amortiguó ese paso, ofreciendo un puente ideológico humanista y progresista que atenuaba el fuerte anticomunismo agitado desde los sectores conservadores locales.
Por primera vez se vio en los barrios salteños (como Cerro, Baltasar Brum, Arralde o Cien Manzanas) la apertura espontánea de locales en casas particulares y garajes. Militantes democratacristianos, comunistas, socialistas e independientes compartían por primera vez un mismo espacio de organización horizontal.
LA “CARAVANA DE LA VICTORIA”
Un punto de quiebre fue la llegada del General Líber Seregni a Salto durante la gira nacional de la fórmula Seregni-Crottogini. La convocatoria en el centro de la ciudad superó las expectativas del momento y midió el despliegue de las fuerzas del Frente Amplio en el interior profundo.
Frente a la consigna nacional «Hermano, no te vayas, ha nacido una esperanza», a nivel local el PDC volcó sus propios lemas enfocados en la justicia social y el humanismo. La campaña tuvo momentos de mucha tirantez, enfrentamientos verbales, volanteadas clandestinas y contrapuntos en radios locales contra los discursos del pachequismo salteño.
EL RESULTADO DEL 28 DE NOVIEMBRE Y LA BANCA HISTÓRICA
El desempeño del Frente Amplio en Salto superó las previsiones de la política tradicional. La lista de la Democracia Cristiana (808) encabezó la preferencia de la naciente coalición en el departamento. Con el apoyo de un electorado diverso, Carlos Texeira Varese se convirtió en el primer diputado de la izquierda por Salto, marcando un hito institucional que quebró la exclusividad parlamentaria de blancos y colorados.
Fue una campaña corta —de apenas nueve meses desde la fundación del FA en febrero hasta noviembre de 1971— pero dejó una huella imborrable en la memoria de quienes militaron esa contienda.
La bancada inaugural del Frente Amplio en 1972 sumergió al abogado salteño Carlos Texeira en un contexto de absoluta crispación. Con solo 16 meses entre la asunción parlamentaria del 15 de febrero de 1972 y el golpe de Estado del 27 de junio de 1973, la actuación en el Palacio Legislativo estuvo dominada por el avance autoritario y la aceleración de la violencia política.
A medida que las Fuerzas Armadas asumían un rol protagónico en la represión, la bancada del PDC y del FA centró sus intervenciones en denunciar detenciones arbitrarias, apremios físicos y pesquisas en el interior. Texeira llevó al recinto denuncias puntuales sobre la situación en Salto, donde el Batallón de Infantería Nº 7 comenzaba a concentrar el control de la seguridad ciudadana.
Desde su banca, votó de forma sistemática en contra de la suspensión de garantías individuales y el Estado de Guerra Interno decretado en abril de 1972, sosteniendo la postura legalista y humanista característica de la Democracia Cristiana.
Pese a la agenda nacional centrada en la crisis institucional, Texeira procuró mantener en tabla los reclamos de los trabajadores citrícolas, la producción de horticultura en Salto y las dificultades de los asalariados rurales frente a la inflación desbocada.
En el departamento, el trabajo de la bancada opositora se vivió con máxima tensión. El comité de base central del PDC en Salto y locales afines al FA sufrieron hostigamientos, pintadas y allanamientos por parte de fuerzas de seguridad y grupos de extrema derecha.
Texeira viajaba continuamente entre Montevideo y Salto para rendir cuentas en las asambleas locales. Esos encuentros servían no solo para informar la labor legislativa, sino para coordinar la defensa de los derechos de sindicalistas y estudiantes detenidos en la zona.
EL 27 DE JUNIO DE 1973
Cuando el presidente Juan María Bordaberry disolvió las Cámaras con el respaldo militar, finalizó abruptamente el mandato del primer diputado frenteamplista de Salto. La sede del PDC local, como la de los demás partidos y sectores del FA, fue clausurada, dando paso a la persecución, el exilio o la clandestinidad de sus referentes fundadores.
Tras el quiebre institucional del 27 de junio de 1973, la vida de Carlos Texeira y la estructura de la Democracia Cristiana en Salto sufrieron una embestida inmediata por parte del aparato represivo. La condición de figura pública e icono del Frente Amplio local convirtió al ex propietario de la banca en un objetivo prioritario.
Al igual que gran parte de los legisladores del Frente Amplio, Texeira fue objeto de persecución. Perdió sus fueros, se le aplicaron severas restricciones de derechos civiles y políticos mediante las actas institucionales del régimen.
A diferencia de otros dirigentes nacionales que optaron por el exilio exterior, la militancia democratacristiana salteña debió replegarse en el ámbito privado o profesional. Texeira mantuvo un perfil de dignidad en Salto, resistiendo el acoso militar sin abandonar la convicción de la causa democrática.
Las sedes del PDC fueron tapiadas o incautadas, y la documentación del partido en Salto fue destruida o confiscada para confeccionar los «fichajes» de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia.
Ante la imposibilidad de hacer política partidaria, los militantes del PDC —muy vinculados a sectores parroquiales, pastorales y al cooperativismo de vivienda— volcaron su esfuerzo a redes de solidaridad. Organizaron ollas populares, apoyaron a familias de presidiarios políticos salteños y mantuvieron vivas pequeñas células de discusión clandestina.
El sesgo cristiano de estos dirigentes permitió que muchos encontraran cierta protección de amparo en el ámbito eclesial y en la acción pastoral de la época, que se convirtió en una de las pocas plataformas desde donde se denunciaba sutilmente el atropello a los derechos humanos.
(CONTINUARÁ)
ARÓN VIERA

