

Más de 60 comisiones vecinales se reunieron días pasados convocadas por el Gobierno de Salto, en la sede del Club Nacional. El encuentro recupera una tradición que tuvo especial fuerza desde la apertura democrática y que, con distintas formas y nombres, atravesó cuatro décadas de vida departamental.
HAY ENCUENTROS QUE SON ALGO MÁS QUE UNA REUNIÓN
El reciente encuentro de más de 60 Comisiones Vecinales convocadas por el Gobierno de Salto puede leerse también como el reencuentro de una manera de ejercer ciudadanía profundamente arraigada en la historia reciente del departamento.
Las comisiones barriales tuvieron un impulso particularmente importante a partir de 1985, con el primer gobierno del escribano Eduardo Malaquina. En aquellos años de apertura democrática, el barrio volvió a convertirse en un espacio político y social en el sentido más amplio de la palabra, no como territorio partidario, sino como lugar donde los vecinos podían organizarse, reclamar, proponer y participar.
Fue allí donde aparecieron dirigentes vecinales que terminaron siendo referentes de toda una época. Entre ellos, dos nombres quedaron particularmente asociados a esa historia: Daniel Sosa, en barrio Ceibal, y mas tarde, Armando Aguirre, en barrio Parque Solari.
Sosa, dirigente vinculado a la Lista 1 del Partido Colorado, desarrolló desde el Ceibal una intensa tarea comunitaria. Aguirre, fotógrafo profesional y cercano al Partido Demócrata Cristiano de Salto, tuvo posteriormente un papel destacado al frente de la Coordinadora de Comisiones Vecinales, articulando las demandas de distintos barrios y proyectando una mirada que iba más allá del reclamo puntual, con propuestas e ideas avanzadas, muchas de ellas transformadas en proyectos aún por cumplirse.
El gobierno de Eduardo Minutti también respaldó el trabajo vecinal, pero fueron especialmente los tres períodos de Malaquina los que consolidaron a las comisiones como interlocutores reconocidos de la realidad barrial.
DE LAS COMISIONES AL PRESUPUESTO PARTICIPATIVO
Con el cambio de siglo, la relación entre gobierno departamental y organizaciones barriales fue adoptando distintas modalidades.
Durante la administración de Ramón Fonticiella comenzaron a adquirir protagonismo los llamados Presupuestos Participativos, una herramienta que colocaba en manos de los vecinos la posibilidad de definir y votar determinadas obras y proyectos.
La experiencia tuvo continuidad durante los dos gobiernos de Andrés Lima, mientras que en el período de Germán Coutinho (en medio del gobierno de Fonticiella y el primer periodo de Andrés Lima), iniciado en 2010, las comisiones vecinales volvieron a adquirir una presencia territorial particularmente importante. En aquellos años llegaron a registrarse cerca de 80 organizaciones activas entre la ciudad de Salto y distintos puntos del departamento.
Son modelos diferentes, aunque parten de una misma idea, que la ciudadanía no termina en la puerta de la Intendencia ni comienza y termina el día de una elección.
La comisión vecinal representa, en ese sentido, una democracia de proximidad. Allí donde el expediente administrativo puede hablar de una calle, una cuneta, una luminaria o un espacio público, el vecino conoce dónde se acumula el agua cuando llueve, qué esquina permanece oscura, dónde esperan el ómnibus los estudiantes o qué plaza necesita ser recuperada.
EL BARRIO CEIBAL UN ESPEJO DONDE MIRARSE
Por su extensión y densidad poblacional, el barrio fue durante décadas un verdadero laboratorio de gestión comunitaria. La comisión vecinal participó en la transformación de reclamos cotidianos en demandas de mayor escala, vinculadas al saneamiento, la canalización de pluviales, el cordón cuneta, la pavimentación, el alumbrado y los espacios comunitarios.
También quedaron asociados a ese proceso logros de enorme importancia social, como la policlínica y el liceo, además del desarrollo de espacios destinados a la convivencia y a las actividades deportivas y culturales.
La historia demuestra así que una comisión vecinal puede ser mucho más que una mesa de reclamos. Puede funcionar como memoria del barrio, como sistema de alerta temprana y, sobre todo, como mecanismo de construcción de prioridades.
UNA VIEJA IDEA QUE VUELVE A FLORECER
Ahora, durante la administración de Carlos Albisu, más de 60 comisiones de distintos barrios y algunas zonas del cinturón de chacras volvieron a sentarse alrededor de una misma mesa.
El desafío que aparece hacia adelante es transformar ese encuentro inicial en una dinámica permanente de planificación, intercambio y propuestas. También existe la posibilidad de que progresivamente se incorporen organizaciones del interior del departamento.
En definitiva, las comisiones vecinales tienen una particularidad que ningún programa de gobierno puede sustituir completamente, nacen desde abajo.
Su legitimidad surge del territorio y de la capacidad de los propios vecinos para organizarse. Su fortaleza está en conocer la realidad cotidiana. Y su límite también es claro, son organismos de gestión y propuesta, no sustitutos del gobierno departamental.
Su funcionamiento, además, está sujeto a mecanismos de reconocimiento institucional, elección de autoridades, estatutos y, cuando corresponde, personería jurídica y controles sobre la administración de recursos.
Lo importante es que se abre un nuevo tiempo para los barrios, de los gobernantes y propios dirigentes vecinales dependerá el éxito y los logros, y en definitiva, de esas acciones que se alcancen a concretar, el beneficio será para toda la comunidad. Sea.
ARÓN VIERA

