

Una pintura que circula en la comunidad cultural vuelve a encender los recuerdos de una época dorada en la Casona del Cerro.
LO QUE EL TIEMPO NOS DEJÓ
Una imagen puede condensar toda una época. Recientemente, el registro fotográfico de una pintura ha comenzado a circular entre los allegados a la cultura salteña, despertando la nostalgia y el reconocimiento.
En mi caso llegó a través de Víctor Silveira Gómez, también poeta, y primo de Juancho: «Lo pintó Hugo Estrán, va junto a una Exposición en Piriápolis. Pero se lo regaló a Elena Estevez», me comenta Víctor..
La obra en cuestión se trata de un retrato profundo y expresivo del inolvidable poeta, artista visual y performer salteño, Juan «Juancho» Martínez (1951-2018).
La autoría de la obra añade una capa de mística particular, fue pintada por el profesor Hugo Estrán, emblemático docente, artista y exdirector del Liceo Nº2 de Salto.
DOS ALMAS EN LA CASONA DEL CERRO
Para entender el peso de este cuadro, hay que viajar a los primeros años de la década del 2000. Hugo Estrán, oriundo de Lavalleja, había asumido la dirección del Liceo Nº2 «Dr. Antonio M. Grompone» (el «Liceo Piloto») e implementado una verdadera revolución pedagógica y cultural. Bajo su liderazgo, la histórica casona de la institución se transformó en la «Casona del Cerro», un espacio donde los viernes por la noche se celebraban míticas tertulias culturales que reunían a docentes, estudiantes, creadores y pensadores salteños.
Fue en esa atmósfera bohemia, libre y sensible donde se cruzaron los caminos del director-artista y de Juancho Martínez. Martínez, definido a menudo como ·el poeta ferroviario», por su gran amigo Elder Silva Rivero.
Juancho, fue un creador polifacético, transitó la poesía subterránea, el rock, la escenografía y fue un pionero absoluto de la performance en Salto, utilizando su propio cuerpo como tierra de expresión artística y estética.
EL OLEO QUE DESAFIA AL OLVIDO
El retrato pintado por Estrán no es solo un ejercicio plástico de fisonomía; es el testimonio de una profunda afinidad intelectual y afectiva.
Capturar la mirada de Juancho Martínez —un hombre cuya sensibilidad e irreverencia dejaron una huella cultural y el arte performático local— requería de otro artista que comprendiera el pulso del Salto nocturno y creador.
Aunque Estrán eventualmente dejó el departamento de Salto, los recuerdos que sembró siguen germinando. El reciente rescate de este retrato coincide con un fenómeno de profunda justicia histórica, la memoria de Juancho Martínez, al igual que las tertulias de la Casona del Cerro, relanzadas por las actuales autoridades liceales lideradas por el incansable gestor y talentoso músico, Prof. Silvio Previale, inspirándose directamente en el legado de Estrán.
Esta obra, oculta a los ojos del gran público pero vivo en los archivos del afecto, se erige hoy como un puente entre Lavalleja y Salto, entre la docencia inspirada y la poesía indomable.

