


Hay veces en que la política tiene esas curiosas vueltas del destino, una puerta que se cierra termina abriendo otra. Algo de eso parece ocurrir con las obras del Cenur Litoral Norte, sede Salto, cuya culminación había quedado nuevamente postergada al momento de elaborarse la Rendición de Cuentas, ante la ausencia de recursos específicos.
La consecuencia era conocida, más espera para una institución que ha visto crecer sostenidamente su matrícula y, con ella, la necesidad de contar con una infraestructura acorde. Desde el norte del país, la vieja sensación de que la Universidad siempre llega después —o que debe esperar más— volvía a hacerse presente.
Pero apareció un elemento inesperado en la ecuación.
El acuerdo alcanzado por Uruguay con el Fondo Monetario Internacional, que incluyó un préstamo de 300 millones de dólares y condiciones vinculadas, entre otros aspectos, al fortalecimiento de la inversión en educación, terminó generando un escenario diferente. En ese nuevo marco surgió la posibilidad de que, a través de la Comisión Técnico Mixta de Salto Grande (CTM), se destinan 40 millones de pesos para completar las obras del Cenur Litoral Norte.
La paradoja merece ser señalada. Aquello que parecía condenado a la postergación encontró una salida por una vía que nadie había previsto cuando se discutía originalmente la Rendición de Cuentas.
El Gobierno podrá, legítimamente, presentar ahora esta inversión como una señal de su compromiso con la educación. Y, en los hechos, lo será, los recursos permitirán que las obras continúen y lleguen a su culminación.
Pero la pequeña historia también deja una enseñanza más profunda. En materia de desarrollo territorial, las oportunidades muchas veces dependen de decisiones que se toman bastante lejos del territorio y que terminan teniendo consecuencias concretas en él.
Lo verdaderamente importante, en definitiva, es que las obras se harán. Lo demás pertenece al territorio de las explicaciones políticas.
Y entonces aparece aquella vieja sabiduría popular, que a veces entiende de economía y política más de lo que parece, no hay mal que por bien no venga.
ARÓN VIERA

