

“LA FIESTA”
KALKAÑAL TEATRO SALTO
COMPARTIR ESCENICO 2026
Sábado 20 de Junio / 20:30hs
ULTIMA FUNCION
Sala “El Anden” (19 de abril y Julio Delgado)
Actúan: Daniel Pavelesky / Pablo Sánchez
Dirección: Néstor Chiriff
Vestuario/Grafica: Ileana Mayer
«Hay, también, el silencio. El silencio, es, por definición, lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y las malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo da pan».
José Saramago
Como grupo nos pareció interesante trabajar con lo que uno es y con lo que uno tiene recuperando lo que somos esencialmente, con todos nuestros defectos y aceptarlos… lograr una comunión, una conexión natural del ser humano y una nueva visión personal de la vida.
Nos detenemos en el carácter artesanal del hecho artístico, en lo que para nosotros es lo esencial, en el adentro, en el QUE de lo a compartir.
Nos permitimos JUGAR, de lo sencillo ir a lo más complejo, logrando la conexión desde la honestidad dejando fluir, cuando sea orgánica, la estupidez y las ganas de descubrir algo.
“Es la máscara más pequeña del mundo, la que menos oculta, pero la que más revela”
Toda referencia a un interior supone la existencia de un exterior. Lo externo es lo que se ve, se muestra, se comunica, lo interno es aquello que permanece dando vueltas adentro, lo que existe aún sin ser visto y, muchas veces, lo que sustenta lo externo. Sin embargo, para quienes asumimos el desafío de hacer teatro desde el interior de Uruguay, esta relación plantea una lectura diferente: la característica de los procesos artísticos de KalkañalTeatroSalto están destinados a ubicarse en la periferia del campo de producción que se reconoce -por una lógica que heredamos- como el centro de legitimación y difusión de la producción teatral local como del país.
Este pasaje de lo interno a lo periférico, que nos deja a los del interior, paradojalmente, jugando de afuera plantea un desafío: o asumimos como centro de creación a la Capital del país y nos atenemos a las leyes que de ella emanan -extrapolando realidades y discursos cuya adaptación a veces resulta alejada o nos reconocemos como internos-periféricos y generamos nuestros propios campos de producción y circulación artística. Desafío éste, que de abordar la segunda postura, nos lleva a realizar una mirada crítica sobre la realidad que nos circunda y a accionar en función de esa lectura.
Como colectivo construimos una forma de dramaturgia con una mirada que bucea el interior, los pliegues de nuestra historia, de nuestra identidad, de nuestros dolores más amargos, de nuestros deseos insatisfechos. Una manera de hacer en estos 30 años a partir de lo irreductible: el actor y el espacio escénico… buscando la esencia y construyendo un camino surcado de metáforas.
Lo esencial en los seres / personajes en situación dramática que se han creado en todo este tiempo, se manifiesta a través de un enfrentamiento a su propia existencia, al resultado de sus acciones y también al resultado de las acciones de los otros sobre sí mismos y sobre los demás. Si hay algo que Kalkañal parece no querer olvidar, ni que olvidemos, es que somos los humanos los únicos responsables de nuestra destrucción o de nuestra reinvención.
Invitar a “La Fiesta” es invitar a compartir, es un abrir y cerrar de ojos donde en el intersticio se produce la pausa y la duda.
Desde un tiempo a esta parte , como grupo nos hemos detenido a analizar la relación entre el público y los actores durante el desarrollo del espectáculo. Los distintos factores que provocan esa relación íntima y que generan por último el fenómeno conocido como la “sympatheia”: el sentir del espectador con el actor y su entorno.
Como grupo vemos al teatro no como arte o cultura sino como un juego de encantamiento donde el participante asiste a ser inducido.
Nos interesa la hipnosis llevada a la representación como una invitación a jugar para evitando caer en lugares donde se direccione al participante desde conceptos culturales o mensajes morales.
El teatro para nosotros, es políticamente incorrecto, no buscamos dar principios y tenemos claro, desde nuestro punto de vista, que el teatro no es educativo.
Los orígenes del teatro están relacionados a un dios, en realidad un semi dios, Dionisio, quien está relacionado a lo mundano, es un dios cargado de vicios, es bastante problemático si se lo mira moralmente entonces, como grupo afirmamos que el teatro no se conecta a esa zona apolínea por su propio origen y de ahí nuestra visión.
En KalkañalTeatroSalto, la realidad nos aburre bastante por ese motivo nos inventamos escapes de ese tiempo perpetuo, nos creamos aventuras que habilitan nuevas realidades saliéndonos del yo y entrando en la fantasía de alguien siendo esto menos tedioso y mucho más divertido.
La fiesta como representación del ritual perdido, de la posibilidad de la pausa, del detener, escuchar dentro del estado de ocio.
El planteo es un intento por desbaratar el sentido del tiempo del participante, involucrándolo en la ficción mediante el empleo de mecanismos de sugestión e induciéndolo a recepcionar las situaciones planteadas en una forma más vivencial.
Nuestra intención es que el disparador dramático, más allá de lo anecdótico, sea el punto de vista en que el participante es situado para enfrentarse a la experiencia. El participante desde su subjetividad se enfrenta a determinados acontecimientos que inevitablemente juzgará, pero que posteriormente al observar la situación más al detalle, dejará de ser subjetivo por un instante y se convertirá en “ser objetivo”.
Esto aparentemente, pues la intención es el engaño de la percepción y la reflexión sobre nuestras posiciones de juicio y morales, generando la duda de “lo real” ya que las lecturas suceden realmente pero manifestando lo incompleto que puede llegar a ser nuestro punto de vista respecto a lo espacial y fundamentalmente objetual.
Para cada una de nuestras propuestas y “La Fiesta” no es la excepción, consideramos que para para que una propuesta escénica esté viva siempre tiene que estar en contacto con la vida. No importa la trama, importa la vivencia.
“La Fiesta” es un juego en el que siempre se está diciendo a través del accionar escénico: “esto no es verdad, esto no está pasando”, pero en definitiva esta negación es lo que hace que el hecho teatral suceda, son dos fuerzas que se chocan, la realidad y la fantasía.
Hacemos hincapié en los puntos de vista, la subjetividad y la polisemia, es decir, la pluralidad de significados. Ése es el gran punto: cómo ve uno desde un lado según el accionar humano, cómo ve otro desde otro según los objetos y luego cómo se resignifican las cosas.
La intención al generarse la atmosfera de visita es provocar la sensación en los participantes de “ya te conozco, ya estuve en algún momento contigo”; los actores desdoblan en distintos roles, manipulador / personaje y desde esos lugares se relacionan. Tanto para unos como para otros (actores y participantes) el hecho de experimentar estos encuentros, genera cierta complicidad, cierto aire de FIESTA. Por eso buscamos que el participante llegue al espacio en “estado de familiaridad”, que venga a sentirse cuidado, protegido y sin una predisposición intelectual.
Para Kalkañal esta es la única realidad del teatro: que el actor esté ahí para comunicarle algo al participante / espectador, esa gran pasión por hacer algo, y para expresarle “yo estoy acá porque te quiero, estamos de FIESTA.
“La Fiesta” sucede en una fusión de espacios, un decidido cruce entre historias personales y representación teatral, donde el encuentro entre los implicados artísticamente no suspende la funcionalidad de las fronteras buscando oposiciones intermitentes y frágiles que se instalan y se desinstalan dentro de un juego sutil
Las intencionalidades van hacia la comunicación emocional materializada en fragmentos de destinos llevados al límite, con seres sobrevivientes de un mundo aparentemente en ruinas, al borde de la locura y de la muerte esperada o buscada.
Todo inmerso en medio de la locura reconocible con sus zonas oscuras, sus discapacidades, su desvalimiento, con seres que mantienen una sensibilidad intacta y su poder de conmovernos, en los límites entre la vida y la muerte.
Vidas atravesadas por un dolor en común, de hipocondriasis compartida, con voces que retumban en un eco compartido como una especie de ventana o puerta que representa una apertura al extrañamiento propio de un mundo onírico.
“La Fiesta” es como decir: “Yo no te puedo hablar de que esto es la realidad; esto es un juego, el tema es que nuestro juego es real y es en atmosfera de FIESTA”.
Kalkañal busca con esta propuesta correrse de los convencionalismos de tiempo y espacio, apostando a lo inesperado, parándose en insólitas y provocador.
Los dos seres están marcados por la minusvalía, olvidados del mundo, descartados a sus propios dolores y heridas… Preparar una única salida posible: la del desaparecer compartidamente, como conjurar la soledad de sus vidas.
Nos confirmamos que el malentendido es pensar que el objetivo de la actuación es la VERDAD, es decir, que la verdad es lo que hay que conseguir y nos dimos cuenta que en realidad la VERDAD no es otra cosa que un medio para hacer creer la mentira, que cuanto más grande sea la relación a la capacidad del actor por ser verdadero, hace más extraordinario su juego.
Uno de nuestros objetivos interpretativamente hablando es “abandonar” el considerar esa VERDAD como FIN y emplearla como MEDIO.
Nos planteamos en el proceso que sin perder VERDAD, sin abandonar el concepto tradicional del encarnar del personaje, proponerle a nuestros cuerpos generar otra experiencia, un universo poético… encontrar al actor capaz de mantener “VERDAD” y de pronto quebrar en un JUEGO CLOWNESCO y volver a la escena sin perder su “VERDAD”.
La invitación de Kalkañal con “La Fiesta” es a vivenciar las disrupciones que cortan los climas, burlan la angustia y los sentimentalismos, para desenmascaran una y otra vez el truco detrás de la magia. Desde seres desconsolados, ni buenos ni malos, abandonados a su suerte, aferrados al ritual de cada noche, el ritual de esperar al público, de ser «diferentes», «deformes». Atrapados en una historia doble y en espejo.
Invitamos a que en esta Última Función lleguen en “estado de fiesta”, que vengan a disfrutar, sin una predisposición intelectual. Se trata de la percepción, de teatro.
La sugestión, la percepción, la tranquilidad, el teatro es un juego de reflexión y de inducción, hasta hipnótico. Hemos trabajado esto durante todo este tiempo, pero sabiendo que la interrelación es de amor con ustedes. Es como decir: “Quédense tranquilos: es una de las tantas fiestas, los vamos a cuidar.

