

Dicen que después de un gran dolor, buenas son las alegrías. Y el mundo en la década del 20, del siglo pasado, había dejado atrás la Primera Guerra Mundial, restañaba sus heridas. Esa década fue llamada, la de los años locos o de los años felices. Estados Unidos era sinónimo de potencia mundial y de prosperidad económica y política ya por entonces.
Fue una época de grandes cambios, crecimiento de las industrias, facilidades de pago; grandes avances tecnológicos: como el progreso de la aviación, la invasión del automóvil y la creación de emisoras de radio, como la BBC en Londres.
Época de cambios sociales: la rebelión de las mujeres que pedían el derecho al voto femenino. El avance de la clase obrera en el mundo, la Internacional Socialista, el anarquismo y la consolidación y expansión de la Unión Soviética, Lenin, el partido comunista y los intelectuales de izquierda.
Por aquellos años 20, un galán del lejano sur, con voz maravillosa conquistaba París, España, Portugal, Europa se rendía a su voz, le llamaban Carlos Gardel, y su nombre se repetía de pueblo en pueblo, y en los grandes centros artísticos de esa Europa fermental. Gardel era canto, pero era cine, y era un fenómeno de la radio y de los discos de pasta. Nueva York clamaba por su voz, hasta el famoso Rodolfo Valentino se sentía atraído por aquel singular cantor..
BALTASAR BRUM Y AQUELLA CHARLA CON HIPOLITO IRIGOYEN
1920…El salteño Feliciano Viera hacia un año y poco que había dejado de ser Presidente, Baltasar Brum, salteño también, según estaba conformado territorialmente el país, cuando nació, ya había dejado de ser Ministro del Interior de Feliciano. Viera y Brum además de coterráneos eran amigos y correligionarios, y era Feliciano, de los pocos que sabía de aquella charla secreta entre Brum y el Presidente argentino Hipólito Irigoyen, en la que Brum le quiere comprar armas porque, como Uruguay había roto las relaciones con Alemania, campesinos de origen alemán que vivían en Río Grande del Sur, indignados por ello habían revolucionado el ambiente, con intenciones de invadir Uruguay. Dicen que Irigoyen le dijo a Brum que no podía venderle armas, pero que si estuviera seguro, que si los campesinos alemanes, brasileños o quienes fueran, invadieran Uruguay, contara, con todas las armas, barcos, ejércitos argentinos, y ciudadanos del vecino país, dispuestos a defender al Uruguay.
Recopilación: Carlos María Cattani

