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LA GATA DE LA LUNA

 

cute cats on the roof in the starry night vector illustration

La luna felina,
divina y cristalina,
se dejó cubrir
por las oscuras nubes del sur.
Y el viento,
que silbó agorero,
plantó el frío
en las esquinas de la noche.
Aquella gata
que jugaba sobre el tejado,
con su cola de sombra
y sus ojos de luciérnaga,
cuando me vio llegar
se alejó vanidosa,
como si nunca hubiera sabido mi nombre.
Yo llevaba un ramo de rosas
apretado contra el pecho
y una esperanza pequeña,
de esas que no hacen ruido
pero esperan.
Me quedé allí,
debajo de la luna escondida,
hablándole al silencio
hasta que el alba
desató lentamente sus cabellos.
La gata no volvió.
Tampoco volvió la luna
a mirarme de frente.
Y las rosas,
cansadas de esperar,
fueron perdiendo su perfume
una a una,
como se pierden los amores
que alguna vez
creímos eternos.
Desde entonces,
cuando el viento silba
y las nubes vienen del sur,
miro los tejados.
Por si acaso.
Por si aquella gata vanidosa
regresa una noche
con la luna entre los ojos
y me pregunta,
como si nada hubiera pasado:
—¿Todavía tienes rosas?

CAMACA

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