

La industria frigorífica uruguaya atraviesa un momento crítico y el escenario comienza a proyectar sus sombras sobre Salto. A la situación del frigorífico Tacuarembó se suma ahora La Caballada (Cledinor), que confirmó que la planta saldrá de licencia la próxima semana y tendrá su última faena el próximo martes.
El presidente de la FOICA, Martín Cardozo, definió la situación como “compleja”, aunque señaló que la empresa MBRF mantiene su intención de alcanzar un acuerdo y considera el actual escenario como coyuntural, vinculado a factores comerciales y financieros. Entre ellos aparece la situación del mercado chino y la suspensión que afecta a la planta de Tacuarembó.
Por el momento, la actividad industrial de MBRF quedaría concentrada en sus otras dos plantas, Inaler, en San José, y Colonia. La multinacional brasileña lidera la faena nacional con una participación cercana al 27%, seguida por Minerva, con 22%, y la familia Urgal, con 17%.
Para Salto, la noticia adquiere una dimensión particular. La eventual paralización de La Caballada no es solamente una pausa industrial: es una señal sobre la fragilidad de una actividad que constituye uno de los motores económicos y laborales del departamento.
En tiempos en que los mercados internacionales, las decisiones empresariales y las dificultades financieras terminan repercutiendo sobre territorios concretos, la situación vuelve a poner sobre la mesa una vieja pregunta: qué ocurre cuando una industria esencial para una comunidad queda expuesta a variables que se deciden muy lejos de ella.

