



Hoy jueves, 11 de junio, en la Alianza Francesa, se inaugura la Muestra pictórica de la salteña Carolina Cunha, se denomina «Obra».
Las preguntas aletean en el papel, las respuestas vuelan alto y quedan estampadas en un gran cuadro de reflexión, con pinceladas poéticas, y de respuesta plástica a un tema muy osado y abarcativo. Cuando le hicimos este cuestionario, pensábamos extraer sus conceptos básicos para la nota periodística, pero es tan fuerte, tan claro, tan profundo lo que dice Carolina, que lo dejamos así, tal cual respondió, palabra por palabra, porque es imperdible, y le da el pleno disfrute al lector:
CUESTIONARIO …
– Como suelen decir, “el delta de la vida, empezar por el final”, lo trasladamos al delta del artista y lo que pensaba iba a ser la parte final de la entrevista, me gustaría que hablara sobre “Obra”, esa muestra que se realiza en Montevideo y que seguramente en algún momento llegará a Salto. Intuyo que es un gran desafío, por la temática que aborda en esta exposición, el OPUS DEI, el libro Te Serviré, las numerarias auxiliares. Es una propuesta de mucho volumen. ¿Cómo se encara?.
CAROLINA – “OBRA” es el resultado de un largo proceso de investigación y reflexión artística. La muestra intenta dar una respuesta plástica y poética al testimonio de las ex numerarias auxiliares del Opus Dei que denunciaron distintas situaciones vividas durante los años en que trabajaron en la institución.
Entiendo también que el arte tiene una dimensión social: no se trata únicamente de buscar una belleza estética, sino de generar una obra que comunique, que interpele y, en algunos casos, que pueda funcionar como denuncia. En este proyecto, el propósito fue justamente ese: intentar expresar los sentimientos, las emociones y las experiencias de estas mujeres que permanecieron durante décadas —veinte años o más en muchos casos— dentro de esas estructuras.
Gran parte de la investigación surge de los relatos reunidos en el libro “Te serviré”, de Paula Bistagnino, y de la miniserie española “El minuto heroico”, de Mónica Terribas. También recurrí a otras bibliografías, como “Opus”, además de entrevistas, investigaciones y diverso material disponible públicamente, que fueron fundamentales para construir el universo conceptual y emocional de la muestra.
“OBRA” se inaugura el 11 de junio en Montevideo, en el marco del ciclo de exposiciones 2026 de la Alianza Francesa. Para mí fue un gran honor haber sido una de las cuatro artistas seleccionadas en esta convocatoria.”
– El curador en la oportunidad es el Maestro Oscar Larroca, que significa para Carolina Cunha contar con Oscar, una figura de gran proyección, palabra mayor en las artes plásticas…
CAROLINA – Siempre encaro mis trabajos con mucha seriedad, responsabilidad y, sobre todo, con muchísimo trabajo. En este proceso tuve además el honor de contar con la curaduría del gran maestro Óscar Larroca, de quien soy su discípula hace muchos años y que ha sido una figura profundamente influyente en mi formación y en mi obra.
Más allá de su enorme trayectoria artística, destaco especialmente su calidad humana y esa manera sutil pero poderosa que tiene el maestro de influir sobre el alumno: motivando, impulsando a ir más allá, transmitiendo la importancia del trabajo constante, de la meticulosidad y de la prolijidad en cada detalle.
Suelo trabajar sola en mi taller. Necesito esos espacios de introspección y de calma, lugares donde el tiempo prácticamente deja de existir. Cuando entro en el proceso creativo puedo pasar horas trabajando sin siquiera advertirlo; muchas veces incluso termino comiendo al lado de los materiales porque me cuesta abandonar ese estado de concentración.
Para mí, ese espacio de trabajo es también un espacio vital. Allí encuentro una conexión muy profunda con lo que hago. Es, sin dudas, una de mis grandes pasiones.”
– Saber si sus composiciones son siempre temáticas o a veces deja volar su imaginación, correr su pincel detrás de una creación libre?.
CAROLINA -A veces el proceso creativo comienza de manera más intuitiva: dejo que la mano se mueva sola, aparecen trazos, dibujos, palabras o ideas. Pero desde hace muchos años, la mayoría de mis muestras giran en torno a una temática concreta. Trabajo generalmente en colecciones, y cada proyecto implica una investigación y un desarrollo que puede llevarme dos, tres o hasta cuatro años.
Por ejemplo, “Sacro” surgió a raíz de la fractura de mi hueso sacro. A partir de esa experiencia comencé a pensar en la música como una forma de aliviar el alma y en cómo podía materializar instrumentos musicales que incorporaran el sacro como parte estructural y no solamente ornamental. Para eso trabajé junto al músico Charles Prates y al luthier Federico Oliveri, y juntos logramos construir esos instrumentos.
El proyecto incluyó además un video filmado y editado por Bruno Blanco en la Catedral de Salto. Fue muy especial poder trabajar con artistas salteños de enorme talento. “Sacro” no se limitó únicamente a esos instrumentos: también incluyó una serie de obras vinculadas al dolor, la resiliencia y la posibilidad de existir a pesar del sufrimiento.
Otra muestra muy significativa fue “Marosa”, un humilde homenaje a la gran poetisa salteña Marosa di Giorgio. La exposición contó con la curaduría de Jacqueline Lacasa y con la participación de distintos artistas y referentes culturales, entre ellos el fotógrafo Marcelo Cattani, el periodista y docente Jorge Pignataro, la sobrina de la escritora, Jazmín Lacoste, y una performance especialmente realizada para la muestra por la actriz argentina Érica Rivas.
“Natura Naturans”, en cambio, estuvo inspirada en la flora nativa uruguaya, especialmente en la de los montes nativos de Salto, surgida de largas caminatas y observaciones en distintos paisajes de la región.
También realicé “Jerónimo”, una muestra homenaje al cumplirse los 500 años de la muerte de Hieronymus Bosch, artista por quien siento una profunda admiración, especialmente por su obra El jardín de las delicias.
Otra colección muy personal fue “La jaula en el interior del pájaro”, integrada por piezas profundamente autorreferenciales, ligadas a emociones y experiencias muy íntimas.
En general, todas mis muestras parten de universos temáticos específicos y dialogan entre sí. Muchas veces una colección continúa resonando en la siguiente. Lo que une todos esos trabajos es una búsqueda de coherencia plástica y, sobre todo, de autenticidad: intentar construir un lenguaje propio, genuino y profundamente personal.”
– La técnica que utiliza en esta Muestra es única, es mixta, cómo es?
CAROLINA -Durante más de diez años trabajé principalmente con pinceles y óleos sobre bastidores de lienzo. Sin embargo, con el tiempo ese lenguaje fue transformándose hasta llegar a la técnica que desarrollo actualmente, donde predominan el collage, el décollage, las tintas y el grafito.
Me interesa profundamente la materialidad de los papeles: sus texturas, sus marcas, su historia. Suelo recolectarlos y adquirirlos en viajes, en libros antiguos, cuadernos viejos o documentos que alguna vez tuvieron una función y un significado en determinada época.
Hay algo muy potente en resignificar esos materiales e incorporarlos a nuevas obras. Lo mismo ocurre con fotografías antiguas, cartas y distintos objetos cargados de memoria. Me interesa que esos fragmentos no queden olvidados, sino que puedan volver a existir dentro de una nueva narrativa visual.
Creo que cada papel, cada desgaste y cada huella contiene una historia, y trabajar con ellos implica también una forma de preservar y transformar esa memoria.”
Sin dudas, las producciones artísticas cambian y crecen del mismo modo en que nosotros cambiamos como personas. Nunca somos exactamente los mismos: nuestras emociones, pensamientos y miradas se transforman a partir de las experiencias vividas, de los vínculos, de los viajes, de los estudios y de todo aquello que nos atraviesa.
Creo que la obra madura con el tiempo, pero sobre todo con el hacer, con la constancia y el trabajo cotidiano. Personalmente, creo mucho más en el trabajo que en la idea romántica de la musa inspiradora. Si tuviera que definirme, diría que soy una mujer profundamente trabajadora, alguien que ha dedicado su vida al trabajo y a sus pasiones.
Eso sucede tanto en mi profesión como licenciada en fonoaudiología —que ejerzo con enorme compromiso, amor y respeto hacia mis pacientes— como en el arte, que comenzó hace más de treinta años como un espacio de disfrute y expresión personal, y que con el tiempo se convirtió también en una profesión.
Hoy ambas dimensiones conviven de manera muy profunda en mi vida. Y seguramente, a medida que se acerque el momento de retirarme de la práctica profesional en fonoaudiología, dedicaré todavía más tiempo y energía al trabajo artístico.”
– Siente que con el transitar de los años de pintura la han llevado (o traído) con un crecimiento como persona y como artista.
CAROLINA -Sin dudas, las producciones artísticas cambian y crecen del mismo modo en que nosotros cambiamos como personas. Nunca somos exactamente los mismos: nuestras emociones, pensamientos y miradas se transforman a partir de las experiencias vividas, de los vínculos, de los viajes, de los estudios y de todo aquello que nos atraviesa.
Creo que la obra madura con el tiempo, pero sobre todo con el hacer, con la constancia y el trabajo cotidiano. Personalmente, creo mucho más en el trabajo que en la idea romántica de la musa inspiradora. Si tuviera que definirme, diría que soy una mujer profundamente trabajadora, alguien que ha dedicado su vida al trabajo y a sus pasiones.
Eso sucede tanto en mi profesión como licenciada en fonoaudiología —que ejerzo con enorme compromiso, amor y respeto hacia mis pacientes— como en el arte, que comenzó hace más de treinta años como un espacio de disfrute y expresión personal, y que con el tiempo se convirtió también en una profesión.
Hoy ambas dimensiones conviven de manera muy profunda en mi vida. Y seguramente, a medida que se acerque el momento de retirarme de la práctica profesional en fonoaudiología, dedicaré todavía más tiempo y energía al trabajo artístico.”
– Resultan lo mismo las composiciones de sus comienzos con las del presente?, qué ha sumado en este tiempo?. Sabemos que le gusta viajar, nutrirse de lo que se crea en el mundo, lo nuevo, lo clásico, las vanguardias.
CAROLINA – Claramente las composiciones y el lenguaje artístico cambian con el tiempo, porque cambian con uno mismo. También influye muchísimo el contacto permanente con el mundo del arte contemporáneo: ver exposiciones, recorrer museos, intercambiar ideas con personas de enorme talento y conocimiento, participar en talleres y mantener diálogos constantes sobre arte.
En mi caso, han sido muy importantes las conversaciones con mi maestro Óscar Larróca, así como el intercambio con compañeros de APLAS y con tantos artistas y gestores culturales con quienes he tenido la oportunidad de compartir experiencias. Todo eso inevitablemente nutre y transforma la mirada.
Cuando uno visita algunos de los museos más importantes del mundo, de alguna manera también pone en perspectiva su propio trabajo y reflexiona sobre el camino que está transitando, sobre cómo dialoga su obra con lo que sucede actualmente en el arte contemporáneo.
Mis comienzos fueron mucho más académicos. Empecé aprendiendo dibujo y pintura desde un enfoque clásico: el uso del pincel, la teoría del color, las técnicas tradicionales. Con el tiempo, ese lenguaje fue evolucionando hacia lo que hago hoy: una obra basada en técnicas mixtas, desarrollada de manera muy intuitiva y profundamente personal.
Me interesa justamente esa búsqueda de autenticidad, construir un lenguaje propio que no responda a la copia de ningún estilo en particular, sino a una necesidad expresiva genuina.”
-Cómo influyen Los cambios sociales (aquel Uruguay de sus inicios y este Uruguay presente) en determinadas búsquedas y pensamientos del artista?.
CAROLINA -Sí, varias de mis muestras y también algunas obras premiadas en distintos salones han abordado justamente los cambios sociales y distintas problemáticas vinculadas a la inclusión y a la manera en que nos relacionamos con el otro.
Uno de esos proyectos fue “Catálogo de supermercado”, una muestra pensada especialmente como un intento de acercar a las personas ciegas a las artes visuales. La exposición fue exhibida en Montevideo, en el Museo del Azulejo, a través de una convocatoria concursable, y significó una experiencia profundamente enriquecedora para mí.
Fue una muestra que generó mucho intercambio porque proponía piezas que podían ser tocadas, percibidas y comprendidas desde otros sentidos. El Braille ocupó un lugar central como recurso plástico y conceptual dentro de las obras. De alguna manera, la muestra invertía las lógicas habituales de percepción: las personas ciegas podían acceder plenamente a las piezas, mientras que el espectador vidente muchas veces se enfrentaba a la dificultad de “ver” sin necesariamente comprender.
Me interesan profundamente los cambios sociales, así como también la política entendida desde el compromiso humano y colectivo. Como mujer, como artista y como persona, siento la necesidad de contar historias, de visibilizar determinadas experiencias y también de pensar el arte desde la inclusión.
Ese desafío de crear obras que amplíen las formas de acceso y de sensibilidad me resulta especialmente valioso. En ese sentido, mi trabajo como licenciada en fonoaudiología también dialoga mucho con mi práctica artística. Durante años realicé talleres de plástica para niños con necesidades educativas especiales y continúo estimulando a muchos de mis pacientes a acercarse al dibujo y a las distintas formas de expresión artística. Son experiencias que disfruto profundamente y que también enriquecen mi manera de crear.”
– Un lugar para APLAS, los maestros en Salto, Montevideo y el mundo, y una reflexión final, para dónde va la pintura en estos momentos que algunos ya empiezan a denominar “Los tiempos del fin”…
CAROLINA -El arte nunca tendrá fin porque forma parte esencial de la condición humana. Lo necesitamos tanto quienes creamos como quienes observan y se conmueven frente a una obra. El arte es una manera de expresar, de sentir, de comprender y de habitar el mundo. Sin arte, de alguna manera, perderíamos una parte fundamental de nuestra humanidad.
APLAS es una institución profundamente valiosa para nuestra ciudad y para el país. Se trata de una organización sin fines de lucro, única en Uruguay, que desde hace muchos años nuclea a artistas y docentes, generando espacios de formación, intercambio y crecimiento. Por allí han pasado grandes maestros que marcaron a generaciones enteras de artistas.
Salto ha sido históricamente cuna de enormes referentes culturales, no solamente en las artes plásticas, sino también en la literatura y en muchas otras disciplinas artísticas. Sin embargo, Montevideo continúa siendo el gran epicentro del arte a nivel nacional. Existen movimientos y núcleos artísticos muy importantes en todo el país, algunos más pequeños y otros más consolidados, pero para quienes vivimos en el interior profundo muchas veces no resulta sencillo acceder a determinados circuitos culturales.
He tenido el privilegio de exponer varias veces en Montevideo, pero la realidad es que gran parte de los acontecimientos artísticos importantes siguen concentrándose en la capital. Muchas veces debemos trasladarnos para ver grandes exposiciones o visitar los museos más relevantes del país. Creo que uno de los grandes desafíos hacia el futuro es justamente descentralizar más la cultura y generar mayores oportunidades para los artistas del interior.
En cuanto al presente del arte, pienso que la pintura y las producciones realizadas manualmente cobran cada vez más valor, especialmente en este tiempo donde la inteligencia artificial ha irrumpido en todos los ámbitos, incluso en el artístico. Existen artistas que trabajan con IA y eso también forma parte de nuestro tiempo, pero al mismo tiempo percibo una fuerte revalorización de lo artesanal, de lo hecho con las manos, con el cuerpo y con la experiencia humana.
Hay algo en la creación humana —en las emociones, en el sentir, en la vivencia— que ninguna máquina puede reemplazar completamente. Esa capacidad de transformar experiencias y emociones en lenguaje artístico sigue siendo, profundamente, una condición humana.”
CAMACA

