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EL GOBIERNO DE LA CORE PUEDE ALCANZAR EL VOTO 21 SIN LAS RISPIDECES DEL PRIMER AÑO

 

La política salteña siempre ha tenido ese condimento especial, casi de novela de suspenso, donde los pasillos de la Junta Departamental suelen ser más determinantes que los propios actos de campaña.
Lo que se plantea en estos momentos no es solo especulación; es aritmética política pura y dura que cambia el tablero de juego en el escenario departamental.
EL VOTO 20
La salida del edil Eduardo Varela Minutti del Frente Amplio no es un dato menor. Varela Minutti pasa de ser un voto disciplinado a convertirse en un actor con poder de decisión, dependiendo de su capacidad de diálogo con el oficialismo y ser el voto 20 en muchos temas.
EL VOTO 21, EL NÚMERO MÁGICO
Hay un número que suena con magia y es más factible de alcanzar de lo que se piensa, nos referimos al voto 21 que abre las puertas a las grandes decisiones que puede tomar un gobierno departamental.
En corrillos políticos nos han hecho saber que el voto 21 se puede concretar a través del diálogo con peronas y no con bloques, y nos dicen que tengamos en cuenta que además de Varela Minutti, recordemos que hubo «flexibilidad» al votar el fideicomiso a Albisu de otros dos ediles.
Aquí es donde la matemática se pone interesante para el oficialismo, porque de llegar al voto 21, como en el fideicomiso (necesarios para temas de extrema sensibilidad como expropiaciones o deudas que superen el período de gobierno). Ese umbral no es simbólico: es la llave institucional que permite al Ejecutivo departamental avanzar en decisiones estructurales sin quedar rehén de negociaciones caso a caso.
EL TABLERO QUE SE RECONFIGURA
En este nuevo escenario, el oficialismo deja de jugar únicamente en su propia cancha y pasa a moverse en una zona de acuerdos variables. La eventual consolidación de ese “voto 21” no implica necesariamente una coalición formal, sino algo más sutil, mayorías especiales circunstanciales.
Es allí donde la política salteña despliega su versión más pragmática, donde los alineamientos ideológicos ceden terreno ante el acuerdo puntual.
Para la oposición, en tanto, el desafío es aún más complejo, es marcar perfil sin caer en una negativa sistemática que la deje fuera de las decisiones, pero tampoco diluirse en acuerdos que puedan ser leídos por su electorado como claudicaciones.
Comienza un nuevo tiempo que verdaderamente se manifestará cuando se requieran mayorías especiales, cuando sólo se necesiten mayorías simples, serán meros trámites, pero en las de a pesos, como se dice, por lo explicado, las mayorías especiales serán cuestiones de acuerdos, sin muchas dificultades…

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