

¿Independencia política o revancha contra sus antiguos socios?, es lo que muchos se preguntan ante el accionar parlamentario del partido liderado por Guido Manini Ríos.
El comportamiento de Cabildo Abierto, votando en ocasiones junto al Frente Amplio o abandonando la sala para facilitarle una mayoría, abre interrogantes sobre sus verdaderas motivaciones y el rumbo de su estrategia política.
La pregunta es inevitable: ¿está Cabildo Abierto defendiendo convicciones propias o pasando factura a una Coalición Republicana que, cuando tuvo el poder, no siempre respaldó sus iniciativas?
Las heridas del quinquenio de Luis Lacalle Pou siguen pesando. Los proyectos que no prosperaron, las diferencias con sus antiguos socios y la salida de Irene Moreira del Ministerio de Vivienda dejaron cuentas políticas sin saldar. Y en política, las facturas rara vez desaparecen: a veces simplemente esperan el momento de ser cobradas.
Con apenas dos diputados, Cabildo Abierto conserva una herramienta decisiva, su capacidad de inclinar votaciones. Ese poder puede servir para defender principios, ejercer controles y construir una identidad propia. Pero también puede convertirse en un instrumento de revancha, especialmente cuando sus decisiones terminan favoreciendo al Frente Amplio, adversario al que históricamente cuestionó.

