


– Fotos Marcelo Cattani
Salto tiene esa porfiadez de ser una tierra incansable para engendrar artistas valiosos, desde tiempos remotos y podríamos hacer una lista muy extensa. Pero ocurre que muchas veces el tiempo presente no es buen aliado para reconocerlos merecidamente con todo lo que ello implica. Hoy mismo hay muchos valores aquí y fuera del departamento, derrochando su destacado y valioso arte, y puede que nosotros solo estemos identificando y apreciando unos pocos.
Esto viene a cuenta porque el próximo 5 de noviembre en el chalet Las Nubes se presenta el libro “Yo suelto a los pájaros atados” Poesía reunida 1976 – 2003 de Juan Edgardo Martínez, quien para sus amigos era sencillamente Juancho.
Y Juancho fue uno de esos grandes artistas, con el plus de haber tenido la capacidad de desplegar un enorme conjunto de obras en las más diversas expresiones artísticas, con una gran perspectiva cultural, social, política. Hoy nos toca celebrar e inmortalizar al Juancho poeta, pero hubieron y quedaron muchos otros Juanchos, el performático, el coreógrafo, el actor, el artista plástico, el diseñador de vestuario, el crítico, y otros etcéteras más.
Pocas expresiones artísticas le fueron ajenas, porque supo moverse en toda la cancha y cualquier número que calzara en su casaca, el puesto le quedaba sobradamente bien. Subir al escenario del Teatro Larrañaga como actor teatral o performer le quedaba bien, plantarse delante de una murga para armar la coreografía le quedaba bien, trabajar la arcilla, pintar o escribir poesía, le quedaba bien. Otro admirable aspecto fue que su obra o su despliegue escénico bien lo podíamos encontrar en las Bienales, en el Larrañaga o en el Museo Gallino, o en un local sindical, en un tablado, una calle, una plaza.
Puede que nos cueste hallar artistas tan polifacéticos, tan integrales, auténticos y al mismo tiempo tan abiertos, generosos, solidarios. Juancho era un hacedor sin descanso, meticuloso, indagador y muy sensible. Solía compartir con personas muy humildes o visitar con frecuencia y varios años atrás cuando los prejuicios eran densos y pesados a personas privadas de libertad. Fue activo partícipe junto a una generación muy inquieta, que soportó la noche larga de la dictadura, resistiendo desde el arte y la camaradería.
Y sobre el conjunto de sus virtudes, me ha impactado sobremanera y más con la perspectiva de los años, su coraje creador, la desafiante innovación, sus locuras creativas. Así lo conocí por la década del 80 en Salto, desplegando sus performances, de calza, pintado, entre velas y maniquíes desnudos, recitando poesía. Y me fui enterando que por esos tiempos también había montado una pieza en un depósito en el subsuelo donde sólo entraban 7 personas y recitaba sus adorados poetas malditos. Juancho era la vanguardia, avanzado y arriesgado.
Por estos días celebraremos que aunque póstuma, buena parte de su exquisita poesía estará publicada, reunida, a disposición y deleite. Fruto de un esfuerzo editorial tan importante como elogiable. Una obra fundamental de un artista nato, de esas que hay que tener en la estantería de cada biblioteca como compromiso asumido y especialmente en las bibliotecas públicas, institucionales, comunitarias.
Fernando Alonso

