

“Parecía tan serio, tan señor, tan elegante, un hombre de mundo. Dicen que escribía muy bien y que en las reuniones era un lenguita sobada, yo leo veía pasar, sin saber que estaba viendo a uno de los grandes hombres que dio este Salto. Era seco, si, pero a mi siempre me saludaba”. Nos dijo Raimundo Suárez, hace mucho tiempo, a comienzo de los noventa, cuando trabajábamos en la Página Cultural de Diario Cambio y teníamos esas curiosidades de saber un poco más de nuestro ilustres coterráneos.
Leer su obra, novelas, poemas no ponían de frente a un narador o poeta, fermental, fértil, creativo. Escuchar sus historias, sus aventuras, de cine, de fotografía, de tertulias famosas en su Chalet Las Nubes, realmente nos cautivaban. Pero mas, el saber que siendo un hombre adinerado, compartía lo sencillo y apoyaba mucho, como un mecenas a la cultura salteña y producía actividades culturales que realmente marcaron época.
En muchos círculos su filiación política, declararse comunista, sacudió, pero era así, se manifestaba en todos sus términos, en lo político, en lo social, en lo cultural y a la hora de escribir.
Se puede decir que vivió con intensidad su vida.
SUS DATOS BIOGRAFICOS DICEN….
Enrique Amorim nace el 25 de julio de 1900 en una casa vecina a la Catedral de Salto. Es el primogénito de siete hermanos varones, todos hijos de Enrique G. Amorim (uruguayo, de ascendencia portuguesa) y de Candelaria Areta (descendiente de vascos). Asiste a la escuela pública y más tarde al colegio que dirigía Pedro Thévenet. Varios períodos de su infancia transcurren en las estancias “El Eucalipto”, cerca de San Antonio, y “El Paraíso”, de su abuelo José Amorim. Siendo alumno del Instituto de Enseñanza Secundaria Politécnico Osimani Lerena (en 1913) pasa las vacaciones en la estancia paterna «La Chiquita», en las inmediaciones del arroyo Tangarupá, a unos 80 kilómetros al norte de Salto.
“De este período de la infancia data la profunda, indeleble visión del campo uruguayo, integrado en una vívida y siempre revivida zona de la cual el futuro novelista extraerá paisajes, personajes y situaciones”, explicaba Mercedes Ramírez en el Capítulo Oriental n.º 27, enteramente dedicado a Amorim.
A los dieciséis se traslada a Buenos Aires a estudiar como pupilo. En el Colegio Internacional de Olivos conoce al poeta Baldomero Fernández Moreno, su profesor de literatura, con quien inicia una amistad muy cercana y una admiración mutua y perdurable. En Buenos Aires Amorim se acerca a Horacio Quiroga, con quien a pesar de la diferencia de edad -Quiroga le lleva más de veinte años- se labra una amistad entrañable. Según Emir Rodríguez Monegal (en El desterrado), Amorim encuentra “en el inaccesible escritor un amigo que lo protege, que vigila la colocación de sus primeros trabajos literarios (los inevitables poemas) y que hasta le cede el apartamento amueblado cuando decide irse a San Ignacio por una larga temporada”.
HORACIO QUIROGA, UN MISMO GUSTO, EL CINE…
Con Quiroga comparte, además de la pasión literaria, el gusto por el cine, que en Amorim también se traduce en una exploración activa como guionista de múltiples películas argentinas de la década del cuarenta, y realizador. Entre los varios “poemas visuales” que habría de realizar a lo largo de su vida se cuentan Escrito en Varsovia (1948), Escrito en el agua y Pretexto (que obtuvieron premios del Cine Club del Uruguay en 1950 y 1952 respectivamente), Veintiún días (1953) y Rostro recuperado (1954). Trabaja en cine como ayudante de dirección y como argumentista de: Kilómetro 111, El viejo doctor, Yo quiero morir contigo, Canción de cuna, Vacaciones en el otro mundo, Su primer baile. Escribe, además, una columna semanal de cine en la revista El Hogar.
A los veinte años Amorim publica el libro de poemas Veinte Años. Su amigo Baldomero Fernández Moreno saluda con estos versos la felicidad del comienzo: “Con tu más bella letra ya está el libro copiado, la carátula blanca cual simbólico traje; toda la gente a bordo y el velamen hinchado, no vaciles un punto, lánzate denodado, ¡Amorim, buen viaje!».
Por esos años se integra al grupo literario de Boedo. En 1923 comienza a trabajar como auxiliar de la Dirección de Impuestos al Consumo de la Província de Buenos Aires, en la ciudad de La Plata, y publica su primer tomo de cuentos: Amorim. Le siguen Las Quitanderas (1924), Tangarupá (1925), y su segundo libro de poesías: Un sobre con versos. En 1926 publica Horizontes y bocacalles. Se prepara por entonces para un viaje a Europa, que será el primero de otros ocho, y comienza sus apuntes viajeros, una colección de recuerdos de sus aventuras y desplazamientos.
Y ESTHER LLEGÓ UN DÍA
En 1928 se casa con Esther Haedo. Ella, su compañera de toda la vida, lo sobreviviría treinta y seis años. (Para leer más sobre la relación con Esther, la inteligencia original y la sensibilidad cautivante de esta mujer, pueden dirigirse al capítulo dedicado a su persona). Ese año ambos emprenden la construcción de su casa: Las Nubes, mítico chalet que a lo largo de toda la vida de la pareja en Salto se constituyó en un centro hospitalario y generoso de tertulias y de encuentro de la comunidad salteña con grandes artistas de todo el mundo que recalaban en el lugar. En el mismo momento en que se emprende la construcción de Las Nubes Amorim se emprende a sí mismo como cineasta, retratista, cronista, documentalista.
Hacia 1930 viaja a Chile, se integra al grupo de intelectuales Índice e inicia una amistad (“que como todas las suyas sería mantenida hasta la muerte”, acotaba Mercedes Ramírez) con Ricardo Latcham. En 1932 se publica Del 1 al 6 en Montevideo y La Carreta, novela de quitanderas y vagabundos, en Buenos Aires. En 1934 se edita El paisano Aguilar y Amorim conoce en Montevideo a Federico García Lorca, a quien visita en Madrid en 1936 y a quien retrata en su Galería de escritores y artistas. [Años más tarde tendrá la iniciativa de construir en homenaje a la memoria de García Lorca un monumento sobre el río Uruguay, en Salto. Este gesto tiene un antecedente directo en 1937, tras la muerte de Horacio Quiroga, en las gestiones para que sus cenizas fueran repatriadas a su Salto natal].
Fruto de una relación que tiene alrededor de 1935 con una pintora argentina, Blanca Pastorello, nace la hija de Enrique, Liliana.
“Hombre de contradicciones secretas y dolorosas, las supo reducir con tenaz voluntad para erigirse en señor de sí mismo, en creador de una obra vastísima y en servidor de las causas populares. La dictadura de Terra, la rebelión fascista en España, la guerra mundial o los excesos policiales del peronismo lo llamaron a su tiempo para luchar, como hombre y como escritor”, señalaba Ramírez.
En 1938 publica Historias de amor y La edad despareja. En 1941, El caballo y su sombra. En 1944 aparece La luna se hizo con agua. Funda con el grupo Amanta en Buenos Aires la revista Latitud, cuya sección literaria dirige. El asesino desvelado se edita en 1945 y al año siguiente Nueve lunas sobre Neuquén.
En 1947 se afilia al Partido Comunista, cuyo ideología profesaba desde hacía unos años. En Varsovia participa del Congreso por la Paz. Al concluir éste se dirige a París y se suscita allí un conflicto diplomático internacional, en donde debe mediar el Ministro del Interior de Francia para conseguir la anulación del decreto de expulsión.
La pareja de Enrique y Esther va a alternar sus periodos de residencia en Las Nubes con temporadas de radicación en Buenos Aires y en Montevideo. En 1950 abandonan para siempre, y por motivos políticos, la República Argentina. Será desde «Las Nubes» desde donde él partirá a sus tres últimos viajes a Europa.
Reunidas en un solo volumen se publican hacia 1950 las obras teatrales La segunda sangre, Pausa en la selva y Yo voy más lejos. Entre 1952 y 1953 aparecen varios libros: con Feria de farsantes obtiene el Primer Premio Nacional de Novela del Ministerio de Instrucción Pública del Uruguay; La victoria no viene sola se publica en Praga. Quiero, libro de poemas, se edita en 1954, seguido por sus Sonetos de amor en octubre.
Tras volver de Moscú en 1955 publica en Montevideo Todo puede suceder, al que siguen Corral abierto, Los montaraces y Sonetos de amor en verano. En 1958, año en que publica La desembocadura, recibe durante una semana varios homenajes en Salto.
Su libro de cuentos Los pájaros y los hombres aparece unos días antes de su muerte, ocurrida el 28 de julio de 1960.
Póstumamente se van a publicar Temas de amor y Eva Burgos, en agosto y noviembre de 1960, respectivamente. Inéditos quedaron los originales inconclusos de una novela, El ladero, y de un libro de memorias titulado Por orden alfabético.
“Enrique fue lo que fue gracias a Buenos Aires. Sabía hacerse querer. Era un hombre muy franco, muy leal siempre”, recuerda Waldemar Carvalho.
Recopilación Carlos María Cattani

