InicioActualidad𝙐𝙍𝙐𝙂𝙐𝘼𝙔 𝙀𝙎𝙏Á 𝙇𝙊𝙂𝙍𝘼𝙉𝘿𝙊 𝘼𝙇𝙂𝙊 𝙉𝙊𝙏𝘼𝘽𝙇𝙀; 𝙉𝙊 𝙀𝙉 𝙀𝙓𝙋𝙊𝙍𝙏𝘼𝘾𝙄𝙊𝙉𝙀𝙎, 𝙉𝙊 𝙀𝙉 𝙄𝙉𝙉𝙊𝙑𝘼𝘾𝙄Ó𝙉... 𝙀𝙉...

𝙐𝙍𝙐𝙂𝙐𝘼𝙔 𝙀𝙎𝙏Á 𝙇𝙊𝙂𝙍𝘼𝙉𝘿𝙊 𝘼𝙇𝙂𝙊 𝙉𝙊𝙏𝘼𝘽𝙇𝙀; 𝙉𝙊 𝙀𝙉 𝙀𝙓𝙋𝙊𝙍𝙏𝘼𝘾𝙄𝙊𝙉𝙀𝙎, 𝙉𝙊 𝙀𝙉 𝙄𝙉𝙉𝙊𝙑𝘼𝘾𝙄Ó𝙉… 𝙀𝙉 𝘾𝙍𝙀𝘼𝙏𝙄𝙑𝙄𝘿𝘼𝘿 𝙁𝙄𝙎𝘾𝘼𝙇💲

 

 

Inventamos una categoría nueva: el remate de multas del Estado.
Sí, así como se escucha. Multas con 50% de descuento, a mitad de precio, en cuotas… solo falta que le den puntos para canjear por otra infracción.
Ahora, más allá de la sonrisa que provoca, mire los números. En un solo año se aplicaron más de un millón de multas y se recaudaron decenas de millones de dólares. Pero dos tercios de esas multas no se pagaron.
Traducido al idioma de la calle: el sistema apretó tanto que la gente dejó de pagar.
Y entonces aparece la solución mágica: rebajamos todo a la mitad y lo financiamos.
Esto no es una política pública. Esto es una liquidación.
El caso del sistema de cobro vehicular es casi una pieza de teatro. Primero nos explicaron, muy seriamente, que no se podían mezclar tributos con sanciones. Que la patente era una cosa y la multa otra. Principios republicanos, orden jurídico.
Ahora vuelven a juntar todo… pero con descuento.
O sea, el problema no era mezclar. El problema era no cobrar.
Y en el medio aparecen situaciones directamente absurdas. El ciudadano que pagó todo en fecha, que cumplió, que hizo lo correcto, ahora se entera de que le devuelven parte de lo que pagó.
Se invirtió la lógica: el que cumple no es el ejemplo, es el que financia la promoción.
Ya no hablamos de ciudadanos. Hablamos de clientes. Y el que paga bien es el mejor cliente del sistema.
Entonces vale hacerse una pregunta incómoda: ¿en qué momento la multa dejó de ser una herramienta para cuidar la vida y pasó a ser un instrumento para recaudar?
Porque cuando una multa es tan alta que nadie la paga, después se reduce, se financia y se negocia, lo que falló no fue el conductor. Falló el sistema.
Y si hay un caso donde esto se vuelve directamente insostenible es el del transporte de carga.
Hay multas que alcanzan cifras que, en la práctica, equivalen a fundir una empresa familiar. No estamos corrigiendo una infracción. Estamos expulsando gente del mercado.
Y por si faltara algo, también aparecen propuestas de escritorio que obligan a parar al chofer cada pocas horas, aunque esté en plena ruta.
Un camión en marcha, el trabajo fluyendo, y de pronto hay que detener todo. Media hora. Sin condiciones reales de descanso, sin lógica productiva.
El resultado no es más seguridad. Es más cansancio, más demora y más tiempo lejos de la familia.
Y uno se pregunta si quienes diseñan estas reglas conocen el trabajo real o si lo imaginan desde un escritorio.
Porque llevado al extremo, esto también vale para el transporte de pasajeros: el ómnibus detenido en la ruta, la gente esperando, el chofer sin poder descansar de verdad… y todos retomando viaje en peores condiciones que antes.
Hay regulaciones que cuidan. Y hay regulaciones que complican.
Y este tipo de medidas, más que ordenar, parecen hechas para un mundo que no existe.
Y además, con una incoherencia difícil de explicar: a algunos se les flexibiliza, a otros se los castiga con todo el peso.
Un sistema que guiña un ojo de un lado y castiga del otro no es justo. Es imprevisible.
Y cuando el sistema es imprevisible, deja de educar. Empieza a generar rechazo.
Mientras tanto, el ciudadano común enfrenta otro capítulo de esta historia: la patente. Si siente que está mal calculada, tiene que reclamar, esperar, insistir… y mientras tanto pagar igual.
No es un trámite. Es una peregrinación.
Multa, patente, reclamo, ventanilla… y, con suerte, una respuesta cuando el problema ya perdió sentido.
En medio de todo esto, el sistema se presenta como comprensivo. Te dice: “sabemos que los montos son altos… ahora te damos una oportunidad, pagá la mitad”.
Es una escena curiosa: primero te aprieta y después te felicita por respirar.
La pregunta de fondo es simple: ¿esto mejora la seguridad vial?
Porque si la conducta no cambia, pero lo que cambia es el descuento, entonces no estamos frente a una política de tránsito.
Estamos frente a una política de caja.
Y el mensaje que queda flotando es peligroso: manejá como puedas… que después vemos cuánto te cobramos y cuánto te perdonamos.
En un país serio, las reglas son claras, las sanciones son proporcionales y la gente las cumple porque entiende su sentido.
Acá estamos construyendo otra cosa.
Un sistema donde la multa se acumula, se negocia, se rebaja y se financia.
Un sistema que no ordena.
Administra.
Y cuando el tránsito se transforma en un remate, lo que está en juego no es la recaudación.
Es la credibilidad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -
Hecho en el Sur

Most Popular

Recent Comments