

Apunte previo: La guitarra clásica utiliza una técnica con dedos para interpretar obras escritas, mientras que el fingerstyle amplía esa técnica para crear música propia en guitarra sola, integrando melodía, bajo, armonía y recursos rítmicos como rasgueos, slap y percusión, sin función de acompañamiento ni voz.
Durante décadas, Uruguay fue un país referente en la guitarra clásica.
Hace cuarenta o cincuenta años, la escuela guitarrística uruguaya tenía peso, identidad y proyección. La guitarra era un territorio de estudio serio, de transmisión, de linaje. Había maestros, alumnos, continuidad. Recordemos a los maestros: Abel y Agustín Carlevaro, Atilio Rapat, Olga Pierri entre otros y alumnos de ellos Álvaro Pierri, Eduardo Fernández…solo para nombrar unos pocos.
Hoy, sin embargo, cuando miramos el presente de la guitarra instrumental solista, aparece una pregunta incómoda:
¿Por qué en Uruguay casi no existen guitarristas desarrollando música instrumental para guitarra sola, con identidad propia, vinculada a nuestra música y a la del Río de la Plata?
La pregunta no nace desde la comparación caprichosa, sino desde la observación cotidiana.
Basta mirar hacia los costados.
El contraste con los países vecinos
En Argentina, el panorama es sorprendente.
El desarrollo de guitarristas fingerstyle es abundante, diverso y de altísimo nivel.
Cada semana aparece un nuevo nombre. Guitarristas que componen, que exploran, que integran folklore, tango, músicas regionales, rock, minimalismo, paisajes sonoros.
No están imitando un estilo extranjero: están diciendo “esto soy” desde la guitarra.
Lo mismo ocurre en Brasil.
Allí la guitarra es un idioma vivo. El fingerstyle dialoga naturalmente con la tradición: choro, samba, bossa, música popular brasileña, rítmica corporal, investigación armónica. Hay escena, hay referentes, hay circulación.
Y entonces volvemos a mirarnos.
El silencio uruguayo
En Uruguay, en cambio, el fenómeno parece haberse detenido.
No porque no haya talento.
No porque no haya historia.
Sino porque algo en la cadena se cortó.
No aparecen nuevas generaciones de guitarristas instrumentales que digan:
“voy a contar el Uruguay con una guitarra sola”.
No aparecen compositores que exploren la milonga, el candombe, la canción rioplatense, el paisaje sonoro, desde un lenguaje instrumental contemporáneo.
No aparece —o aparece muy poco— el gesto de tomar la guitarra como voz personal, más allá del acompañamiento o la canción.
Algunas preguntas necesarias
Tocar fingerstyle no es un atajo.
Exige muchas horas de estudio, práctica sostenida y un conocimiento integral de la guitarra: técnica de ambas manos, independencia, saber de armonía, arreglos, forma y construcción de discurso musical.
No se trata solo de «tocar bien», sino de pensar la guitarra como un todo y asumirla como una voz expresiva autónoma.
Tal vez por eso la ausencia de guitarristas fingerstyle en Uruguay no responda a una sola causa, sino a varias capas superpuestas:
¿Se dejó de transmitir la guitarra como un camino expresivo profundo y no solo como una herramienta funcional?
¿El peso histórico de la canción y del rol acompañante eclipsó la posibilidad de un discurso instrumental propio?
¿Existe una ausencia de escuelas, espacios formativos y docentes que enseñen y promuevan específicamente el fingerstyle como lenguaje?
¿La formación sigue anclada en modelos del pasado, sin diálogo con los lenguajes contemporáneos?
¿La falta de materiales de estudio accesibles —partituras, métodos, arreglos— limita la formación y la continuidad?
¿Existe una dificultad cultural para legitimar lo instrumental, lo contemplativo, lo que no busca impacto inmediato?
También cabe preguntarse si la velocidad de estos tiempos dejó poco espacio para una música que necesita escucha, silencio y maduración; una música que no se impone, sino que se revela con el tiempo.
No es nostalgia: es identidad
Esta reflexión no nace desde la queja ni desde la nostalgia.
Nace desde el amor por un instrumento y por una cultura.
Uruguay tiene materia prima de sobra:
Ritmos , Paisajes , Silencios , Melancolías , Pulsos, Identidad sonora
Lo que parece faltar no es talento, sino permiso.
Permiso para explorar.
Permiso para no cantar.
Permiso para decir desde la guitarra lo que no entra en palabras.
Una pregunta abierta
Tal vez este texto no tenga respuestas cerradas.
Tal vez su función sea otra.
Dejar la pregunta vibrando:
¿Qué necesita Uruguay para que vuelva a florecer una guitarra instrumental viva, contemporánea, con identidad propia?
Porque cuando una cultura deja de escucharse a sí misma a través de sus instrumentos, algo esencial queda en pausa.
Y la guitarra —silenciosa, paciente— sigue esperando.
GUSTAVO RIPA

