

Aquel cocinero era la imagen viva de un Director de orquesta sinfónica. De saco claro, cabellos largo hasta los hombros, caminar altivo, y con el cucharon en la mano, parecía que en cualquier momento pasaba el tono con su acuencada batuta….
Su compañero de cocina, en cambio, tenía todas las características de un cirujano en plena sala de operaciones.
Nuestro cocinero fue contratado para hacer una buseca para 250 personas. Con mucha anterioridad hizo la lista de producto y cantidad de los mismos. También de todo lo que precisaba para llevar a cabo tan grande empresa, que dicho sea de paso, en un momento, el dueño de casa le comenta que tiene varias garrafas y una gran cocina a gas para hacer la calduda receta de tan ostentoso plato.
El cocinero, le dijo, en un tono amable que la buseca sabía mejor hecha a leña y en una gran olla. Le solicitó una olla de 150 litros y más pequeñas de 20 litros cada una, para la menudencia. El dueño de casa le aseguró que allí estarían todos los implementos y que lo esperaba el sábado al mediodía para iniciar su tarea ya que la buseca se iba a servir por la noche.
Cuando llegan los cocineros al mediodía, no estaban las ollas, no estaba la leña, y no estaban los ingredientes para cocinar…
De lo único que había pedido que estaba era el equipo de música. Nuestro cocinero no hacía ningún manjar si no escuchaba música, y su ayudante, el cirujano, no operaba las verduras si no escuchaba la quinta de Beethoven…
Con urgencia solicitó que trajeran las ollas y la leña para iniciar la buseca.
La olla mas grande era de 75 litros, y como no había ollas chicas, trajeron dos tarros de lecheros del viejo tambo en desuso. Como soldado de mil comidas, el cocinero decidió cortar por lo sano y como bien un tanque de 200 litros, en muy buen estado, ordenó que le cortaran la tapa, le hizo un lavado profundo y lo puso sobre la gran parrilla mientras su asistente pelaba papas al compas de la música de Beethoven.
El mondongo llegó congelado, el poroto no había sido remojado, la leña era de sauce llorón y el aceite de soja….
El cocinero ni lerdo ni perezoso arrimó unas trama que estaban apiladas cerca de un corral, con su ayudante le hicieron palanca, saltaron arriba y quebraron varias de ellas, otras las pelaron con las grandes cuchillas e hicieron dos fuegos, uno para los tarros, poniendo porotos para remojar y hervir a la vez, en otra el mondongo para descongelar, en tanto pusieron a hervir la gran olla con las patitas de chancho, la falda, los chorizos y carne picada que le pusieron para que hicieran sabor.
Mientras la grande hervía, el cirujano, cortaba las verduras y una vez que el mondo quedó descongelado, con su filoso cuchillo cual bisturí, empezó a seccionar en pequeños trozos y al compas de la música, con certeros tiro los iba metiendo dentro de la olla, tal vez recordando su juventud de basquetbolista.
El cocinero, sazonaba con buenos condimentos a la olla grande, bebía largo tragos de un vino fino, se atusaba los bigotes y le metía tramas al fuego.
Cuando todo tuvo en orden y comenzó a hervir con todos los ingredientes en forma pareja, los cocineros cerraron los ojos y se durmieron dulcemente con el gran sordo de la música universal, despertando, cuando se hacia la noche. Probaron la buseca, y dicen los que saben, y los que la probaron, que nunca comieron un manjar tan exquisito como el de ese día…
Tampoco que jamás vieron tomar tanto vino a dos cocineros… que a la hora de servir, no solo escuchaban sino que bailaban la música de Beethoven, y lloraron con “La patética”, cuando se les terminó el vino….
CAMACA

