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Juan Carlos Emmenegger, a tres años de la partida del cantor salteño que sembró de folklore su tierra

 

 

Se cumplieron en agosto tres años del fallecimiento de Juan Carlos Emmenegger, productor hortícola y cantor folklórico de Salto. Su voz, sus composiciones y su compromiso con la identidad popular siguen resonando como un eco profundo en la memoria de su gente.

Cuando falleció Juan Carlos Emmenegger contaba con 79 años de vida, dejando tras de sí un legado entrañable, el canto que supo tender puentes entre el trabajo de la tierra y la poesía del litoral. Hombre de comunidad, productor hortícola y cantor, fue parte de ese linaje de artistas populares que hacen de la música un espejo del tiempo y de los personajes que habitan una ciudad.

LA NOTA, SUS RECUERDOS Y VIVENCIAS COMPARTIDAS

Cuando terminaba julio me propuse, dentro de las notas a escribir en agosto, recordar a Juan Carlos. Por esas cosas de las actividades periodísticas se fue postergando.

Conocí a Juan Carlos a fines de los años sesenta, yo era un guri con inquietudes artísticas, èl, un cantor de cierta fama. Por ese entonces integraba el grupo de folkloristas, y artistas locales denominado Salto Oriental. Lo integraban entre otros Néstor Albisu, Eduardo Muguruza, Carlos Orihuela, Carlos Ardaix, José Yuyo Lanzieri, Juan Carlos Emmenegger, Roberto Courdin, Francisco Szekely, Roberto Castro, el creador de «Canción para el Uruguay crecido», entre otros. Fueron los comienzos de Eduardo Piñeyro en danzas folklóricas, y como dato curioso le agregamos que Carlos «Bocha» Ardaix le enseñó el zapateo del malambo, a quien se transformó luego en el Gran Maestro de la danza. Los viernes a la noche se hacían en lo alto del club Salto Uruguay peñas folklóricas con estos artistas y otros como Oscar Bibbó, decidor criollo por ese entonces, Bertiz Castro y seguramente, muchos más que ahora no acuden a mi memoria.

Asistía a esas peñas junto a la familia Lanzieri, porque Yuyo cantaba y Beatriz bailaba en el grupo de Piñeyro.

Para mis ojos y oídos, eran noches mágicas y dentro de las cosas que me gustaban, la de curiosear detrás del escenario me encantaba, también las empanadas que servían y los tragos de vino que le tomábamos con Ramón a su hermano mayor el Yuyo, detrás del escenario.

Recuerdo que Juan Carlos cantaba con una potencia increíble. Lo veía seguido porque iban a ensayar en la casa de Yuyo Lanzieri, todo el grupo que se preparaba para viajar a Misiones a un Gran Festival al que habían sido invitados y del que volvieron vencedores. En esos ensayos, cuando llegaba Juan Carlos, acaparaba la atención al hablar, al gesticular y al contar cosas de la vida. Supe que tenía un manojo de canciones ineditas, poemas que le había regalado Víctor Lima, cuando la barra lo visitaba en el Hospital o cuando se encontraba en algún bar con el gran autor salteño. También supe que ese buen acompañamiento de guitarra que tenía era fruto de las enseñanzas de don Ramón Gómez Cruz.

En esa época fui espectador de las charlas, pero mis verdaderas vivencias con Juan Carlos comenzaron en el año 1984 cuando nos tocó viajar al Tercer Festival de La Paz, en Canelones, ellos como artistas y yo como premio por haber colaborado con la organización de la eliminatorias que se desarrollaron en Salto y que tuvo a Gilberto Calvo, María Laura Satriano y Fernando Menoni como las caras visible de la sede en nuestra ciudad.

Juan Carlos fue como parte del Dúo Renacer que integraba junto a Helmer Prantl. Salto iba con el compromiso de defender el título porque la segunda edición de dicho festival la había ganado el dúo salteño integrado por Saúl Pozzatti y Lucía Sosa con el tema “Globo rojo”.

Y vaya si se defendió, que el dúo Rapetti- Méndez ganó el certamen como dúo y también en canción inédita con “Aunque tu ya no vuelvas” de Julio Rapetti.

Los otros dos dúos salteños, Renacer y Oriental (Sosa-Figueroa), rayaron a gran altura.

Los que nos quedábamos en el club tuvimos una convivencia magnífica y gran artífice de la misma fue Juan Carlos que polarizaba la atención con sus charlas, cuentos,anécdotas y canciones. Tuvimos tiempo para conversar mucho, entre nosotros y con artistas de todo el país que fueron a competir. Pero también estaban las grandes figuras del canto popular uruguayo, desde Zitarrosa, Viglietti, Numas Moraes, Washington Benavidez, Eduardo Larbarnois, anduvo Darnauchans y tantos emergentes de ese entonces. Poder andar entre ellos, tomar alguna copa al lado, saludar, conversar, preguntar, serán cosas imborrables para mi. No me quiero olvidar de Fermín Martínez y de Alberto Galvalissi que fueron los solistas salteños que clasificaron para este festival.

FESTIVAL DEL REENCUENTRO EN TREINTA Y TRES

En la Semana Santa o de Turismo de 1985 se realizó en la ciudad de Treinta y Tres el Primer Festival del Reencuentro Democrático. Apenas una semana ante de su realización, me llama Washington Muñoz de la Intendencia de Salto, me informa del festival y me dice si me animaba a formar un grupo para participar, que él iba a invitar a otros artistas. Por ese entonces nosotros integrábamos la CTC (Coordinadora de Trabajadores por la Cultura) y en ese corto lapso propuse y conformamos un grupo para representar a Salto. Dario Figueroa como solista, Dario y Ramón Sosa como dúo y creamos al Conjunto o Grupo “Reencuentro”: Ruben Milan, Ramón Lanzieri, Dario Figueroa, Ramón Sosa y yo. La canción inedita salió en un día con una melodía que tenía Dario Figueroa a la que le puse letra. Se ensayó toda la noche anterior del viaje y al final obtuvimos el segundo premio en conjunto y en canción.

Cuando tomamos el ómnibus nos enteramos que también viajaban el Dúo Renacer (Emmenegger y Prantl), lo que fue una gran alegría para nosotros. Ton Muñoz fue el jefe de la delegación y llevó un presente de parte de Eduardo Malaquina para el intendente Wilson Elso Goñi. Las palabras de Muñoz en la entrega en el escenario,  emocionaron a los miles de espectadores, y a nosotros más.

Dos hitos que nos marcaron en ese festival fueron que Los Olimareños cantaron por primera vez en Treinta y Tres luego de su regreso del exilio y que estuvieron juntos compartiendo una jornada cívica y cultural, el Presidente de la República Dr. Julio María Sanguinetti, Wilson Ferreira Aldunate y el Gral. Liber Seregni, presencias impactantes, a meses de salir de la larga dictadura militar en nuestro país.

En ese festival también nos reencontramos con artistas que habían estado en el Festival de la Paz y compartimos fogones, anécdotas y algún brindis. Juan Carlos estaba a sus anchas cantando y contando historias y nosotros detrás, en esa integración que es tan espontanea en el arte y entre los artistas, en este caso entre los cantores y poetas.

JUAN CARLOS EMMENEGGER ES PARTE DE LA HISTORIA CULTURAL DE SALTO

 

Su nombre está ligado a la historia cultural de Salto, no solo por haber formado parte del Grupo Salto Oriental, el Dúo Renacer junto a Helmer Prantl, sino también por haber sido protagonista de momentos históricos como aquel 19 de agosto de 1984 en el Club Salto Uruguay, cuando el dúo abrió la noche en que Alfredo Zitarrosa, recién regresado del exilio, volvió a cantar ante su pueblo. Esa fecha quedó en la memoria como un símbolo del retorno de una voz y de un país.

 

Emmenegger también llevó adelante la organización de la Fiesta de la Horticultura en Salto, un evento que unía la producción local con la música y la tradición, demostrando que su compromiso con la cultura estaba íntimamente ligado al trabajo y al paisaje.

 

De su cancionero, quedan joyas que laten con hondura en el alma popular. “Noche sin tiempo”, con letra de Víctor Lima y música de Emmenegger, es una de esas piezas que capturan la melancolía y el misterio del río, aunque nunca alcanzara difusión masiva. Otra canción entrañable fue “Romance al tero”, creacion de Helmer Prantl, en homenaje a un personaje popular salteño, interpretada por el propio Emmenegger y Prantl.

 

Hoy, a tres años de su partida, su voz se recuerda como un hilo de agua que sigue corriendo bajo tierra. Su lucha por el reconocimiento del folklore uruguayo y sus composiciones propias y de autores consagrados son herencia viva de un hombre que cantó con la verdad de su tiempo. El eco de Juan Carlos Emmenegger permanece en sus canciones, en los festivales que ayudó a construir, en los recuerdos de una comunidad que lo quiso y lo sigue queriendo. La tierra que trabajó y el canto que entregó son parte de esa misma raíz que lo sostuvo.

 

 

 

CAMACA

 

NOTA ORIGINAL FUE PUBLICADA EN DIARIO EL PUEBLO SETIEMBRE DE 2025

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