


El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha desatado una fuerte crisis en el turismo mundial, considerada la mayor desde la pandemia de 2020. El cierre de espacios aéreos en Oriente Medio y la paralización de hubs clave como Dubái generaron cancelaciones masivas de vuelos, retrasos globales y pérdidas que podrían superar los 40.000 millones de euros.
Según estimaciones del sector, las llegadas de turistas internacionales a la región podrían caer entre 11 % y 27 % en 2026, lo que significa hasta 38 millones de visitantes menos respecto a las proyecciones previas al conflicto.
La hotelería también enfrenta un fuerte impacto, con cancelaciones de hasta el 80 % de las reservas en destinos como Dubái, Doha y Abu Dabi. Algunos establecimientos incluso se vieron afectados por ataques en medio de la escalada bélica.
El sector aerocomercial vive una alteración histórica: más de 3.400 vuelos fueron cancelados en un solo día en Oriente Medio y miles registraron demoras a nivel mundial, debido a los desvíos obligados para evitar las zonas de conflicto. Esto incrementa costos operativos y presiona al alza las tarifas.
En paralelo, la industria de cruceros suspendió sus itinerarios en la región y varias compañías comenzaron a retirar sus barcos del Golfo Pérsico.
Para las agencias de viajes, el conflicto también provocó un efecto dominó: Dubái y Doha funcionan como nodos clave para llegar a destinos como Japón o el sudeste asiático, por lo que la interrupción de esos hubs dejó a miles de pasajeros varados o con itinerarios cancelados.
A pesar del panorama crítico, referentes del sector turístico internacional confían en la resiliencia de la industria. Sin embargo, advierten que la duración del conflicto y la percepción de seguridad de los viajeros serán determinantes para la recuperación del turismo en la región.

