

En un mosaico del Siglo V, Ninfeo de Arozi, grabada a fuego las palabras de aquel héroe trágico que murió antes de llegar al campo de batalla. “Los que nunca están conmigo/tampoco vendrán ahora”
Diyaro de Alcenabides, hijo de Kordino y Tamara de Cil, fue un héroe sin suerte, “el fracaso de las victorias”, según Herodoto, y el menos protegido por los Dioses, de acuerdo a Plutarco y Euripides, que discutían en una taberna del Egeo sobre los vinos de las montañas y las vides junto al mar. Nadie supo quien introdujo el tema de Diyaro, pero ambos coincidieron en sus comentarios.
Diyaro conducía el carro de guerra mas resplandeciente, en lo que sería aquella su casi primera, y única batalla….
Diyaro había crecido a la sombra de sus tres tios, Adinor, Torfan y Monticar, guerreros afamados, amantes insuperables, bebedores empedernidos y gobernadores nefastos de la pequeña península de Alcenabides, a orillas del Egeo…
Dicen que sus tíos se turnaban al frente del gobierno y despilfarraban las bonanzas de la población, cada cual con menos recato.
Diyaro fue cabeza de ejercito, entrenaba como el que más, participó de varios simulacros pero nunca logró estar en batalla.
Y en aquella guerra declarada por el oprobioso Buzikin de Simora, al que los tios queridos le debían muchos dinero por especias y otras mercancías, en las rocosas colinas de Ronombón iba a ser el debut de Diyaro en el combate y el comienzo de una caminata hacia el valle de los Héroes que jamás serían olvidados…
Cuando marchaban a la guerra, los cronistas estamparían que el héroe estaba en desventajas, en armamentos, en soldados y en dinero. Fue por eso que destilando una fuerte rebeldía, aceleró el paso de su carro, mas de lo aconsejable se diría, tanto es así que sus corceles en determinado momento se desbocan y se acercan peligrosamente a un pico rocoso. Cuando Diyaro da el giro, su carro queda en el aire, y golpea de lleno a una gran roca suelta, que se despeña, provoca un alud y sepulta a los cincuenta generales de Buzikin, y al oprobioso mismo….
Diyaro ni se enteró de su victoria pues murió en la colisión contra la gran roca, y ni los dioses nunca le contaron que con su acción había logrado un hecho heroico…Para los cronistas, que narraron el hecho, fue el héroe del Ronombón, el que salvó a su pueblo de los acreedores y que les permitió a sus tios seguir gastando con otros proveedores, sin pagar a nadie….
Con el tiempo, la única que llevaba flores a su tumba era su madre, Tamara de Cil, ya que su padre Kordino, solo elevaba su copa, cada aniversario de la batalla, y repetía, “pudo haber sido un gran guerrero si los dioses no lo hubieran maltratado”.
CAMACA

