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La política uruguaya ya juega el partido de 2029 mientras todavía discute el de 2026

 

 

La crítica al gobierno, la respuesta de la oposición, las redes convertidas en ring y una clase política que comienza a orejear candidaturas cuando todavía falta más de media legislatura.

El 2029 aparece cada vez más en el horizonte, aunque buena parte de las postulaciones todavía sean apenas globos de ensayo.

Mientras unos critican al gobierno, el partido gobernante critica a la oposición y las militancias de uno y otro lado hacen catarsis sobre desempeños, historias, declaraciones y revuelos, las redes sociales se han convertido en una especie de ágora electrónica donde abundan los argumentos, pero también los chismes, los dimes y diretes y esa particular gimnasia nacional de discutirlo todo como si cada tuit fuera una sesión parlamentaria.

Las encuestas aparecen de tanto en tanto y alimentan la conversación. En términos futbolísticos, la defensa del gobierno recibe goles de todos los colores, mientras los delanteros de la oposición son marcados con una intensidad que haría palidecer a cualquier zaguero de la vieja escuela. Y así transcurre buena parte de la política uruguaya, unos explicando por qué el otro está equivocado y los otros explicando por qué los primeros están todavía más equivocados. Nada nuevo bajo el sol, diría el Eclesiastés.

Lo novedoso, quizá, es la velocidad con la que comenzó a instalarse el 2029.

Todavía estamos en 2026, pero ya hay dirigentes que miran de reojo hacia la próxima elección, empiezan a ordenar sus piezas, reconstruyen sectores, recorren el territorio, miden adhesiones y observan quién podría convertirse en socio, adversario o eventual compañero de fórmula.

La política tiene esa extraña capacidad de vivir dos tiempos simultáneamente: gobierna en el presente, pero sueña —o teme— con la próxima elección.

EL PARTIDO NACIONAL, UN NOMBRE Y MUCHAS SILLAS

En el Partido Nacional el escenario parece algo más definido, aunque no cerrado. Luis Lacalle Pou aparece hoy como la principal referencia para una eventual candidatura presidencial en 2029. El propio Álvaro Delgado ha hablado públicamente de un “candidato natural”, aunque advirtió que no hay nada ganado.

Eso desplaza buena parte de la discusión hacia otro terreno, qué Partido Nacional acompañará a Lacalle Pou y cómo se distribuirá el poder interno?. Ahí aparece una disputa bastante más interesante.

Martín Lema viene desarrollando su propia estructura política y mantiene la identificación con la 404, mientras Álvaro Delgado conserva Aire Fresco en un nuevo reordenamiento sectorial. Javier García también mantiene un espacio propio y ha planteado públicamente cuestiones vinculadas a la estrategia de la coalición hacia 2029. Jorge Larrañaga Vidal, por su parte, procura mantener viva la corriente de Alianza y las banderas políticas asociadas a la trayectoria de su padre.

Y alrededor de ellos aparecen dirigentes más jóvenes, nuevos grupos y posibles alianzas. La elección interna, por tanto, no será solamente una discusión sobre quién ocupa el primer lugar. También será una gigantesca operación de ingeniería electoral, listas al Senado, Diputados, acuerdos departamentales, lugares expectables y capacidad de cada corriente para sobrevivir a la inevitable distribución de espacios.

Porque no todos los que corren quieren necesariamente llegar primeros; algunos necesitan simplemente llegar en una posición que les permita negociar después.

Laura Raffo continúa siendo una incógnita respecto de su futuro sectorial, mientras también aparecen nombres como Verónica Alonso (que vuelve) y Valeria Ripoll en el radar blanco. Por ahora, son piezas de un tablero que todavía tiene demasiadas casillas vacías.

EN EL PARTIDO COLORADO, PEDRO Y UNA INTERROGANTE

En el Partido Colorado el panorama presenta otra característica, todavía no aparece una carrera presidencial tan claramente instalada.

Pedro Bordaberry continúa siendo una referencia central desde su retorno a la política y mantiene una presencia propia dentro del partido. Andrés Ojeda, actual secretario general de la colectividad, concentra parte importante de la atención colorada, aunque hasta el momento no ha oficializado una nueva carrera presidencial. Robert Silva conserva también un espacio de consideración dentro del partido.

Después están las expectativas, los grupos que intentan organizarse y las figuras que podrían aparecer.

Y existe además una pregunta que sobrevuela al Partido Colorado: qué hará el partido con su propia identidad frente a una eventual estrategia común de la Coalición Republicana.

El debate ya existe. Javier García ha impulsado la posibilidad de un lema único para 2029, mientras desde el Partido Colorado se han expresado reparos a esa posibilidad.

La discusión no es menor. Porque una cosa es competir juntos y otra muy diferente es dejar de competir como partidos.

FRENTE AMPLIO, EL PODER TAMBIÉN NECESITA HEREDERO

En el Frente Amplio el panorama tiene otra lógica. Oficialmente, la fuerza política está concentrada en gobernar y en organizar su estructura. En septiembre de 2026, su Plenario Nacional propuso la continuidad de Fernando Pereira como presidente y fijó para septiembre de 2027 las elecciones de sus órganos partidarios.

Pero debajo de esa institucionalidad comienza a moverse otra conversación, la sucesión política.

Carolina Cosse es una figura inevitable en cualquier especulación hacia 2029. Su sector, La Amplia, incluso ha avanzado en la obtención de firmas para incorporarse formalmente a la orgánica frenteamplista.

También aparecen Alejandro “Pacha” Sánchez, Mario Bergara, Blanca Rodríguez, el propio Fernando Pereira y otros nombres que circulan en conversaciones políticas y mediáticas.

Gabriel Oddone es otro nombre que ha comenzado a aparecer en ese juego de posibilidades, aunque las referencias actuales a una eventual candidatura siguen siendo hipótesis y no una postulación anunciada.

Y aquí está quizás una de las claves del Frente Amplio, la competencia no será solamente entre personas. Será también entre estructuras.

El peso del MPP, del Partido Comunista y de las demás corrientes tendrá una incidencia decisiva en la arquitectura electoral. Los sectores menores necesitarán alianzas y acuerdos para preservar representación parlamentaria.

La vieja frase de los Olimareños podría adquirir entonces una inesperada traducción electoral, “todos detrás de Momo”, es decir, del que pueda llevar la carreta.

LOS PARTIDOS MENORES Y LA BÚSQUEDA DE UN LUGAR

En el resto del sistema político también se mueve el tablero.

Unidad Popular procura sostener su trabajo de base y recuperar espacios. Cabildo Abierto mantiene representación parlamentaria y continúa definiendo su relación con la Coalición Republicana y su propio futuro electoral.

El Partido Independiente mantiene una presencia más silenciosa, mientras Identidad Soberana, liderado por Gustavo Salle, atraviesa una etapa en la que deberá demostrar cuál es su capacidad de consolidación política después de su ingreso al Parlamento.

La Corte Electoral reconoce actualmente seis partidos con representación parlamentaria: Cabildo Abierto, Frente Amplio, Identidad Soberana, Partido Independiente, Partido Nacional y Partido Colorado.

Y DESPUÉS ESTÁ EDUARDO LUST

El abogado y exdiputado se ha transformado en una de las figuras que más curiosidad generan en el mapa político de 2026. La gran incógnita es qué hará: si construirá un partido propio, si buscará alianzas o si intentará convertirse en una pieza de articulación entre sectores. Todavía no hay respuesta.

Pero Lust tiene algo que en política vale mucho, capacidad de generar conversación.

El problema de todo este movimiento es que faltan tres años.

Tres años son una eternidad en política. En ese tiempo pueden desaparecer liderazgos, aparecer otros, cambiar gobiernos, modificarse alianzas, producirse crisis, crecer economías, caer economías, aparecer nuevos problemas y, sobre todo, cambiar el humor de la sociedad. Por eso conviene mirar estas candidaturas como lo que son en buena medida, señales tempranas de posicionamiento, no resultados anticipados.

La política uruguaya parece haber entrado nuevamente en ese período en que cada dirigente empieza a preguntarse dónde estará dentro de tres años. Mientras tanto, el ciudadano sigue viviendo en 2026.

Las redes seguirán ardiendo. Los militantes continuarán defendiendo a los propios y atacando a los ajenos. Las encuestas traerán buenas noticias para unos y malas para otros. Y seguramente aparecerán nuevos nombres.

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