



El gobierno de Yamandú Orsi atraviesa una etapa de particular exposición pública. Carlos Negro recibió un pedido de renuncia en una movilización; Gabriel Oddone quedó en el centro de una polémica por su forma de comunicar y un cruce con el periodista Leonardo Sarro; y Alfredo Fratti fue silbado durante la Expo Prado. Todo ocurre mientras las encuestas muestran una evaluación negativa de la gestión presidencial.
TRES MINISTROS EN EL CENTRO DE LA ESCENA
Hay momentos en que un gobierno parece tener demasiados ministros jugando en cancha inclinada. Y el gobierno de Yamandú Orsi atraviesa uno de esos momentos.
LOS PEORES DE LA CLASE?
Carlos Negro, ministro del Interior, es probablemente quien enfrenta la presión más directa. Este sábado una movilización frente a la sede del Ministerio reclamó su renuncia, con participación de organizaciones y sindicatos que cuestionan la gestión de la seguridad pública.
Gabriel Oddone, en cambio, enfrenta otro tipo de cuestionamiento. No se discute solamente su política económica, sino también su particular estilo comunicacional, que en ocasiones resulta áspero incluso para sectores cercanos al oficialismo. El reciente episodio con el periodista Leonardo Sarro elevó la temperatura: la Asociación de la Prensa Uruguaya cuestionó el comportamiento del ministro y respaldó el trabajo del comunicador.
Y ahora aparece Alfredo Fratti. Durante una Expo Prado que el ministro utilizó para presentar los principales lineamientos del gobierno para el sector agropecuario, también se registraron manifestaciones de disconformidad y silbatinas hacia el jerarca.
Tres ministros, tres escenarios diferentes y una misma pregunta flotando en el ambiente: ¿qué está pasando con la relación entre el gobierno y una parte de la sociedad?
Las encuestas ofrecen un dato que ayuda a completar el cuadro, aunque no explica por sí solo sus causas. Según Equipos, al finalizar agosto un 51% desaprobaba la gestión de Orsi y un 28% la aprobaba, aunque la medición también mostró una leve mejora respecto de junio.
En política, las silbatinas son ruido. Las encuestas son fotografía. Los conflictos comunicacionales, señales. Ninguno de esos elementos, por separado, alcanza para explicar el estado de un gobierno. Pero cuando comienzan a aparecer simultáneamente, adquieren una dimensión que sería imprudente ignorar.
Quizás el problema no sea solamente que algunos ministros estén bajo la lupa. Tal vez la lupa, esta vez, esté alcanzando también al propio gobierno. Y cuando eso ocurre, hasta el silencio empieza a tener significado.
ARÓN VIERA

