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“Metanoia”: Pablo Sánchez y Maximiliano Moller convierten el arte en una experiencia de transformación  

 

 

 

 

La Sala El Andén será escenario de “Metanoia – Compartir 1: Narrativas no lineales”, una propuesta plástica y performática de Pablo Sánchez junto al fotógrafo Maximiliano Moller que trasciende los límites de la exposición tradicional. A través del enigmático personaje “YEYÉ”, la obra explora la metamorfosis como condición humana, donde el cuerpo, la memoria y la imagen se entrelazan en un ritual artístico que invita al espectador a abandonar la contemplación pasiva para convertirse en parte del proceso. Más que una muestra, “Metanoia” propone una reflexión sobre la transformación: solo aquello que acepta romperse encuentra la posibilidad de renacer.

”METANOIA”

(Muestra Plástica / Performatica)

Compartir 1: “Narrativas no lineales”

“YEYÉ”

Pablo Sánchez  /  Maximiliano Moller

Sábado 01 de Agosto

20:30hs

Sala “El Anden” (19 de Abril y Julio Delgado)

 

   La Experiencia Artística denominada “METANOIA” esta imaginada y conceptualizada para ser compartida en dos instancias.

   Cada uno de estos compartires consta de características propias que le permiten ser independientes una de otra pero en su esencia, ambas, se ven atravesadas por  el concepto de vivir el proceso como forma de accionar y el de  reconstruirse trascendiendo las limitaciones.

   Este primer Compartir se Titula “Narrativas no Lineales” y se centra en la figura de  “YEYÉ”, el creador de “METANOIA”( su obra cumbre).

   Maximiliano Moller desde su Ojo / Lente creativo, se posiciona, mira y ejecuta  dejando entrever parte de lo oculto de “YEYÉ”, en el cuerpo de Pablo Sánchez.

   Maximiliano Moller desde su Ojo / Lente creativo, se posiciona, mira y ejecuta  dejando entrever parte de lo oculto de “YEYÉ”, en el cuerpo de Pablo Sánchez.

   Es Pablo el que se ejecuta para ser otro, que descompone y rompe  su cuerpo civil para mostrar parte de “YEYÉ”.

  En esa dualidad del mirar y mirarse del encontrar y ser encontrado, esta experiencia cobra su sentido e invita a vivir el accidente.

   En esta experiencia:   Compartir 1: “Narrativas no lineales”  /  “YEYÉ” de Pablo Sánchez  y Maximiliano Moller consideramos a las herramientas en cuanto a imágenes no solo como elementos de registro, sino como el tejido de la memoria y  mística de “YEYÉ”.

   La identidad de “YEYÉ” es una amalgama de saberes periféricos y sagrados: el rigor del metal (mecánico), el susurro de la tierra (yuyero/curandero) y el pulso de la calle (gramillero).

 

Hay un taller que no figura en los mapas del barrio, una pieza al fondo donde la grasa de los motores se confunde con el zumo espeso de las hierbas machacadas.

El hombre que habita ese desorden de bujías y raíces no tiene una sombra fija; según cómo le dé la luz de la tarde, su silueta se deforma y proyecta las manos de un curandero que calibra el alma de una máquina, o el perfil de un danzante que levanta polvareda con el talón.

Las cosas que lo rodean no son objetos terminados, sino nudos de misterio esperando que alguien los sintonice. Él sabe que un carburador guarda el mismo secreto que una pócima invernal, y que para inventar un amuleto solo hace falta un alambre viejo y la paciencia de quien conversa con las esquinas más oscuras de la memoria.

Las paredes del cuarto no retienen una sola imagen. La luz pasa a través de vidrios gastados y lentes oblicuas, multiplicando su rostro en el aire como si el recuerdo fuera una linterna mágica que insiste en corregir la fijeza de los retratos familiares.

No hay una línea recta que explique su paso por el mundo; hay un desfile de espectros que parpadean sobre las telas tendidas, una vibración que se rehace cada vez que el filamento de una lámpara amenaza con quemarse.

Múltiples versiones de una misma mirada nos observan desde el polvo en suspensión, recordándonos que fuimos hechos de pedazos sueltos, de retazos de oficios olvidados que alguien cosió a las apuradas antes de que amaneciera.

De pronto, en el centro de ese engranaje invisible, algo cede. Una pieza oculta en el engranaje del pecho comienza a girar al revés, alterando el ritmo de la respiración y del tiempo.

Las herramientas y las plantas secas se desprenden de su antigua utilidad para ingresar en un estado de sospecha. No se trata de un arreglo simple, sino de una rotura definitiva que obliga a la materia a buscar otra forma de estar en el mundo.

La oruga no sabe que destruye su cuerpo para fundar una geometría nueva; el metal no entiende el fuego que lo dobla, pero acepta el cambio de rumbo.

En ese espacio liberado del peso de la cordura, la gran criatura que yacía dormida bajo el capó de los días que sacude los óxidos viejos, despliega sus alas de lona y nos invita a contemplar el instante exacto en que lo humano muda de piel para volverse milagro.

 

   Dentro de estas narrativas, cabe destacar la del cuerpo de “YEYÉ” en acción: no solo baila; su cuerpo es un sismógrafo de la tierra. Su gestualidad, captada por la cámara revela la sabiduría del anciano curandero. La fotografía expresiva tiene la misión de congelar ese «instante esencial» donde el gesto mecánico se vuelve sagrado, y la herramienta de trabajo se transforma en bastón de mando.

   Al proyectarlas mostramos cómo “YEYÉ” «muta». No es una representación lineal; es una fusión espectral. La imagen fotográfica capta el momento exacto en que la mirada de “YEYÉ” se pierde, indicando el paso de lo humano a lo ancestral. En este estado de trance, el mecánico «desarma» la realidad para encontrar la raíz del mal y el sanar mediante las hierbas (yuyos).

   El Color como Conector Energético para “YEYÉ”, el naranja no es accidental,  baña al espectador, simbolizando la energía en movimiento que “YEYÉ” canaliza para su obra maestra: “METANOIA”

   Para Compartir 1: “Narrativas no lineales”  /  “YEYÉ” de Pablo Sánchez  y Maximiliano Moller”, El dispositivo fotográfico es el «ojo clínico» que captura lo invisible: la vibración sonora, el calor del naranja y la metamorfosis de un hombre que es, al mismo tiempo, taller, calle y monte.

    El soporte deja de ser un objeto neutro para convertirse en piel. La superficie donde se proyecta a “YEYÉ”  es tan importante como la imagen misma, pues representa el campo de batalla de su existencia.

   “YEYÉ”: un hombre que es muchas capas a la vez. La luz de la proyección refuerza la idea de que la verdad de este personaje no es plana, sino profunda, espectral y difícil de asir de un solo vistazo.

   Las uniones, costuras y cruces no se ocultan; se celebran. Estas «cicatrices» en el soporte son la metáfora visual de la curación. Así como el mecánico promueve la fricción de los metales y el curandero cierra la herida con hierbas, el soporte mismo está «remendado». Estas costuras interrumpen la imagen proyectada, recordándonos que la “METANOIA” (transformación) siempre implica una ruptura y una nueva unión, a menudo dolorosa pero necesaria.

   La suciedad intencional no es descuido, sino el registro del paso del tiempo y el peso de la experiencia. La imagen de “YEYÉ” se proyecta sobre una superficie que ya tiene «memoria de roce», sugiriendo que el personaje y su obra maestra han surgido del esfuerzo físico y la fricción con la realidad.

      El soporte es un testigo táctil. “YEYÉ”  no habita un mundo ideal, sino un mundo de desgaste y transformación constante, donde la belleza reside precisamente en la huella del tiempo y la capacidad de seguir unido a pesar de las roturas.

   En este Compartir 1: “Narrativas no lineales”  /  “YEYÉ” de Pablo Sánchez  y Maximiliano Moller” consideramos que toda imagen es polisémica, toda imagen implica subyacente a sus significantes una cadena flotante de significados, de la que el lector se permite seleccionar unos determinados e ignorar otros o, incluso, todos los demás. En esta experiencia compartida entendemos que  la  fotografía no es una imagen como cualquier otra,  no es ni copia ni figura de un objeto sino que es  un objeto en sí mismo.

   La investigación para concebir “Narrativas no Lineales” profundizamos en que lo propio de la imagen es la indeterminación. Las imágenes se enlazan y desvinculan lo visible y su significación, palabra y efecto produciendo sentidos pero, a su vez, desviándolos.

   “Narrativas no lineales”  es una experiencia artística que se posiciona en la Imagen /  Forma  considerando que  la Forma arrastra un Contenido que obtiene  un  prototipo o paradigma  que inaugura una nueva serie de elementos similares  que sirve como prefiguración, como adelanto o como generalización de una serie.

   A través de este Compartir 1: “Narrativas no lineales”  /  “YEYÉ” de Pablo Sánchez  y Maximiliano Moller”,  creemos que la  salida  es de  Cuerpo a Cuerpo.

   Frente a la disolución digital de los vínculos, la salvación del humano como humano radica en la fricción presencial: el cuerpo a cuerpo.

   La emancipación del ser humano frente a la virtualidad abstracta se dirime en la fricción presencial: el encuentro cuerpo a cuerpo. La salida es un hecho táctil y comunitario.

   Esta propuesta plástica exige la copresencia física; el participante debe habitar el mismo aire que la luz proyectada, recuperando su condición de criatura sintiente, hecha de carne, misterio y territorio.

   Te invitamos a descalzar el ruido del afuera. Entra, habita la penumbra y déjate atravesar por la luz de “YEYÉ”  . La transformación, aquí, sucede cuerpo a cuerpo.

 

 

Te invitamos a la “METANOIA”:

A mirar a través del desgarro, donde la luz se vuelve astilla.

A habitar ese silencio que hay entre el golpe del martillo y el paso del gramillero.

A ser parte de este ritual donde lo sólido se vuelve humo y lo efímero, verdad.

A perderte en las veladuras de lo que muta.

A tocar la luz que atraviesa el remiendo.

A ser parte de este ritual orgánico y efímero.

Entra. Ensúciate. Transfórmate.

Entra. Respira el polvo. Deja que la luz te atraviese el remiendo.

Porque solo lo que se rompe tiene el coraje de transformarse.

Porque nada que sea eterno puede estar realmente vivo.

 

Transforma para transformarte. Cambia para cambiarte.

Porque solo lo que se rompe tiene el coraje de renacer.

 

Para recordar: «La génesis de esta “METANOIA” reside en la figura de “YEYÉ”,: un híbrido entre el rigor del mecánico y la intuición del curandero. Para “YEYÉ”,, el cambio es una pieza que debe encajar a la fuerza, un ritmo de gramillero que golpea el suelo para despertar a la tierra. Su inventiva no busca la perfección, sino el quiebre operativo. Esta muestra es su taller de transmutación, donde el carbón es a la vez hollín de motor y ceniza de ritual. Aquí, la mácula de grasa y grafito es la señal de una curación en proceso: el registro de un ser que sabe que para inventar el futuro, primero hay que saber deshacerse en polvo.»

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