

El Frente Amplio busca de todas maneras contrarrestar el ya denominado “Orsigate”, una parodia inevitable del Watergate que terminó sepultando la presidencia de Richard Nixon. La comparación, claro está, tiene más de recurso político y mediático que de equivalencia histórica, pero alcanza para instalar un clima incómodo en la agenda pública.
EMPEZAR ARMAR EL ESCENARIO
Mientras desde algunos sectores del oficialismo se procura encontrar una medida de fuerte impacto que permita cambiar el eje de la discusión, otros entienden que el problema no es únicamente apagar el incendio presente, sino comenzar a construir el escenario futuro. El cálculo no es menor, Uruguay se encamina hacia un período de relativa quietud política, atravesado por el Mundial de fútbol, un acontecimiento que suele absorber conversaciones, titulares y pasiones colectivas, relegando por un tiempo los debates más ásperos.
En ese contexto, las miradas empiezan a proyectarse más allá de la coyuntura. Hay dirigentes que ya piensan en el ciclo electoral de 2029 y consideran que es tiempo de comenzar a levantar una figura capaz de liderar la próxima campaña. No se trata solamente de encontrar un candidato competitivo, sino de construir un relato renovado, una referencia política que pueda representar a una nueva generación frenteamplista sin romper con la tradición histórica de la coalición.
SON TIEMPOS DE CUCHICHEOS
Las conversaciones, por ahora discretas, se multiplican en despachos, comités y reuniones partidarias. Algunos apuestan a nombres ya conocidos; otros creen que el futuro exige rostros menos desgastados por las batallas del pasado. Lo cierto es que, detrás de la urgencia por neutralizar el impacto del “Orsigate”, asoma una preocupación más profunda: quién conducirá al Frente Amplio cuando el actual gobierno deje de ser novedad y deba rendir examen ante los ciudadanos.
Porque en política, como suele decirse, las crisis duran poco, pero las sucesiones comienzan mucho antes de que nadie esté dispuesto a reconocerlo públicamente.
Según comentan distintas fuentes del ámbito político, una de las figuras que algunos sectores consideran con mejores condiciones para encabezar ese proceso es Blanca Rodríguez (El Plan Mujica). Su alto nivel de conocimiento público, la imagen construida durante décadas frente a las cámaras y una menor exposición a las disputas partidarias tradicionales son vistos como activos importantes en una eventual candidatura presidencial.
Otro nombre que aparece naturalmente es el de Alejandro «Pacha» Sánchez. Sin embargo, hay quienes dentro del oficialismo entienden que su tiempo político podría estar más asociado al ciclo electoral de 2034 que al de 2029. El razonamiento es sencillo: evitar una confrontación directa con Luis Lacalle Pou, quien muchos consideran seguirá siendo una referencia central de la oposición y probablemente el principal articulador político del espacio nacionalista durante los próximos años.
También se han manejado nombres de algunos intendentes frenteamplistas. No obstante, en las evaluaciones internas predomina la percepción de que ninguno ha logrado todavía construir una proyección nacional suficientemente fuerte como para transformarse en el conductor de una campaña presidencial. En términos de marketing político, algunos operadores utilizan una vieja expresión para resumir el problema: «la heladera no funcionaría». Es decir, sus imágenes no generarían por sí solas el nivel de adhesión, identificación o expectativa que una elección nacional exige.
La discusión, naturalmente, está lejos de resolverse. Primero porque el gobierno de Yamandú Orsi recién comienza su recorrido y porque cualquier movimiento demasiado anticipado podría interpretarse como una disputa sucesoria prematura. Pero también porque el Frente Amplio conoce por experiencia propia que los liderazgos no siempre surgen de los laboratorios políticos ni de las encuestas. A veces son las circunstancias, las crisis o los propios acontecimientos los que terminan moldeando al candidato que nadie tenía en los planes. Por ahora, mientras el oficialismo procura contener los efectos del denominado «Orsigate» y recuperar la iniciativa política, una parte de la dirigencia ya mira más allá de la coyuntura. El objetivo no sería solamente atravesar la tormenta actual, sino comenzar a preparar el rostro que represente al Frente Amplio en la próxima gran batalla electoral.
Carolina Cosse estaría alejada de la posibilidad de una candidatura?, se entiende que no, pero su futuro político está atado al Gobierno de Orsi, por ser la Vice Presidenta en ejercicio, y su suerte también, si se revierte este mal momento y termina siendo el de Orsi un buen gobierno, Cosse tendría entonces, muchos boletos en esta carrera…
ARÓN VIERA

