

La propuesta del Banco Central de advertir sobre los riesgos de ahorrar en moneda extranjera reabrió el debate sobre la desdolarización de la economía uruguaya.
La iniciativa busca fortalecer el peso como moneda de ahorro, pero también plantea interrogantes sobre el rumbo monetario que pretende seguir el gobierno de Yamandú Orsi.
Durante la campaña electoral y en los meses previos al cambio de gobierno, varios economistas cercanos al Frente Amplio plantearon la necesidad de avanzar hacia una desdolarización gradual de la economía uruguaya. El tema parecía haber quedado en segundo plano, pero volvió a instalarse en la agenda pública a partir de una iniciativa impulsada por el Banco Central del Uruguay (BCU).
La propuesta consiste en modificar la normativa del sistema financiero para que los bancos informen por escrito a los clientes que decidan realizar depósitos en moneda extranjera sobre los riesgos que esa decisión puede implicar para su rentabilidad medida en pesos uruguayos. La iniciativa se encuentra actualmente en consulta pública para recibir observaciones y comentarios de los distintos actores involucrados.
Si la medida prospera, quienes opten por depositar sus ahorros en dólares, euros u otras monedas extranjeras recibirán una advertencia de riesgo. En cambio, quienes lo hagan en pesos uruguayos no tendrán que recibir ningún tipo de observación especial.
FORTALECER LA MONEDA NACIONAL
La propuesta no implica restricciones al uso del dólar ni limita la posibilidad de ahorrar en moneda extranjera. Sin embargo, constituye una señal clara sobre la dirección que pretende impulsar la autoridad monetaria, fortalecer el papel del peso uruguayo dentro del sistema financiero.
Uruguay es una de las economías más dolarizadas de América Latina. Aunque salarios, jubilaciones, impuestos y gran parte de la actividad cotidiana se manejan en pesos, una proporción significativa del ahorro privado continúa refugiándose en dólares. La compra de inmuebles, algunas inversiones y muchas decisiones patrimoniales siguen teniendo al billete estadounidense como referencia principal.
Desde la óptica de los economistas que promueven la desdolarización, esta situación limita la eficacia de la política monetaria y reduce la capacidad del Banco Central para influir plenamente sobre la economía. Cuanto más ahorran y piensan los ciudadanos en dólares, menor es la incidencia de las herramientas diseñadas para fortalecer la moneda nacional.
Los defensores de este proceso sostienen que una economía más pesificada genera mayor estabilidad y reduce la vulnerabilidad frente a las fluctuaciones internacionales. Para ello consideran fundamental desarrollar instrumentos financieros atractivos en moneda nacional y consolidar la confianza en el peso a largo plazo.
DESDOLARIZAR NO ES TAN SENCILLO
Sin embargo, la desdolarización enfrenta un desafío cultural y psicológico que trasciende cualquier medida normativa. Durante décadas, los uruguayos han recurrido al dólar como refugio frente a crisis económicas, procesos inflacionarios y episodios de incertidumbre regional. Para muchos ahorristas, el dólar no es solamente una moneda extranjera, sino una garantía de seguridad construida a partir de la experiencia histórica.
Por esa razón, la discusión actual va mucho más allá de una advertencia bancaria. Lo que está en juego es la posibilidad de modificar hábitos económicos profundamente arraigados en la sociedad uruguaya.
Por ahora, todo indica que el camino elegido por las autoridades es gradual. No se habla de prohibiciones ni de medidas drásticas, sino de incentivos para que cada vez más ciudadanos utilicen el peso como moneda de ahorro, inversión y referencia económica.
La pregunta de fondo sigue abierta: ¿estamos ante una simple corrección normativa o frente a los primeros pasos de una estrategia más amplia destinada a reducir la histórica dependencia uruguaya del dólar?
DALTON BENNET

