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La política salteña parece haber entrado en una etapa singular ya que el oficialismo se convirtió también en el principal espacio de tensión y debate público.
Mientras el intendente Carlos Albisu consolida su imagen de gestión y liderazgo territorial, Marcelo Malaquina busca marcar perfil propio y preservar capital político rumbo al 2030. En paralelo, el Frente Amplio atraviesa un momento de dispersión y pérdida de iniciativa que lo deja, por ahora, lejos del centro de la escena.
La política tiene estas paradojas caprichosas, a veces la oposición más visible no surge desde la vereda de enfrente, sino desde las propias grietas internas del poder. Algo de eso parece estar ocurriendo hoy en Salto, donde la CORE —la coalición que logró destronar años de hegemonía frenteamplista— domina el escenario público en todas sus dimensiones.
ALBISU, DIRECCIÓN, PRESENCIA Y CAMINO
Por un lado aparece la figura de Carlos Albisu, que atraviesa un momento de consolidación política. Su presencia permanente en el territorio, el contacto directo con la gente y una estrategia de cercanía constante lo han transformado en el rostro más visible del nuevo tiempo político departamental. Albisu aparece en inauguraciones, reuniones barriales, actividades institucionales y eventos sociales con una intensidad que transmite la idea de un gobierno activo y en movimiento.
Incluso quienes observan críticamente algunos aspectos de la gestión reconocen un elemento central, el de la construcción de liderazgo. En política, la percepción suele ser tan importante como la propia administración, y Albisu parece haber entendido esa lógica contemporánea del poder, donde gobernar también implica narrar presencia.
Las encuestas, según se comenta en distintos ámbitos políticos, acompañan ese proceso. La valoración positiva del gobierno departamental fortalece la figura del intendente y le permite administrar con relativa comodidad los inevitables roces internos de una coalición heterogénea.
LAS SEÑALES QUE EMITE MARCELO MALAQUINA
Y allí aparece el otro actor clave, Marcelo Malaquina. El dirigente colorado, que obtuvo una votación importante en 2025 cercana a los 15.000 votos, comenzó a emitir señales de incomodidad con algunas formas de conducción adoptadas por la CORE tras la victoria electoral.
Las diferencias, al menos por ahora, no parecen ideológicas ni programáticas. Nadie discute el rumbo general del gobierno departamental. Lo que emerge es otra cosa, es el de los cuestionamientos vinculados a los espacios de consulta, la participación de los socios políticos y la sensación de que ciertos sectores quedaron relegados luego del triunfo.
En términos políticos, Malaquina parece estar haciendo algo bastante racional, nada menos que evitar diluirse. Necesita conservar identidad propia, mantener vivo su sector y construir musculatura política pensando en el 2030. En otras palabras, intenta evitar que el éxito de Albisu termine absorbiendo completamente a sus aliados.
Porque toda coalición victoriosa enfrenta tarde o temprano el mismo dilema, y es ni más ni menos que cómo administrar el poder sin devorar las individualidades que ayudaron a conquistarlo.
EL FA CON LA ÑATA CONTRA EL VIDRIO?
Lo interesante del escenario salteño es que la discusión pública hoy parece concentrarse casi exclusivamente dentro de la propia CORE. Mientras tanto, el Frente Amplio aparece debilitado, fragmentado y sin una referencia clara capaz de capitalizar contradicciones ajenas.
La oposición tradicional no logra instalar temas, liderazgos ni una narrativa alternativa. Y eso ocurre en un contexto nacional donde tampoco encuentra demasiado respaldo simbólico de un gobierno nacional cuestionado y con dificultades de conducción termina repercutiendo inevitablemente en los territorios.
ESO TAN PROPIO DE LOS SALTEÑOS
Salto, históricamente un departamento de fuertes pulsiones políticas, atraviesa así una etapa peculiar. El oficialismo debate consigo mismo, se critica a sí mismo y se disputa espacios internos mientras la oposición observa desde afuera, casi como espectadora de una obra en la que alguna vez tuvo el papel principal.
Con cierta ironía popular podría resumirse así: hoy la CORE parece ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Albisu administra; Malaquina tensiona, marca perfil y recuerda que sigue ahí. El resto, mientras tanto, mira “como el gato de la beba”.
ARÓN VIERA

