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No es changa “parar la olla”

 

«Parar la olla» es, quizás, la misión más heroica y a la vez la más desgastante que existe en la familia de un trabajador, en cualquier parte del mundo, y aquí en Uruguay, se siente.

. No es solo un tema de números o de economía; es una batalla diaria por la dignidad. Cuando esa lucha se vuelve «desigual”, es porque el esfuerzo individual choca contra una pared estructural que no depende de las ganas de trabajar, sino de un sistema que parece haberse olvidado de los márgenes.

Esa dualidad entre lo comunitario y lo solitario define mucho el carácter de nuestra gente:

LA LUCHA EN COMUNIDAD

La red de contención: Ahí aparecen las ollas populares, el «fiado» del almacenero que conoce a la familia de toda la vida, o la changa que un vecino le inventa a otro para darle una mano.

En el interior, el problema de uno suele ser el problema de muchos. Esa solidaridad es lo que evita que el tejido social se termine de romper del todo cuando las inversiones no llegan.

LA LUCHA EN SOLITARIO

Es el momento en que se apaga la luz y queda el silencio. Es la angustia del padre o la madre que hace cuentas en una servilleta y no sabe cómo va a estirar lo poco que hay para que alcance una semana más. A veces, el que lucha solo siente que al resto del país (especialmente al que decide desde los escritorios en la capital) no le llega el eco de su esfuerzo. Esa soledad es la que más duele, porque hace sentir que el sacrificio es en vano.

Es una realidad que quema, sobre todo en lugares donde la informalidad es la regla y no la excepción. En esa pelea desigual, el trabajador no solo pone el cuerpo, sino que pone la salud mental y la esperanza a prueba de balas.

Esa resistencia tiene un límite. En medio de esa pelea diaria por «parar la olla», ¿qué es lo que sentís que hoy le da a la gente un respiro o una pequeña victoria para seguir adelante al día siguiente?.

Están las canastas del Estado, la ayuda del Mides que abarca bastante, pero, no es una manta que cubre al que tiene un trabajo con sueldo mínimo, o changas que redondean un ingreso más o menos, pero ante una familia numerosa o con niños chicos no resulta fácil, ayuda, pero no soluciona. Esto no es de ahora, es de hace varias décadas…

Estos uruguayos, de los que estamos hablando existen y persisten, aunque muchos miren para otro lado y otro ni siquiera lo hagan.

En fin estas cosas suceden en nuestro país y esperan por soluciones y que lejos estamos de la frase del Prócer…”que los más infelices sean los más privilegiados”.

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