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De espaldas al campo, de espaldas al mar: En un país con tantas riquezas naturales no hay trabajo y todo es caro

 

 

 

Esa sensación de «país rico pero bolsillo flaco» no es para nada ingenua; es, de hecho, el centro del debate nacional y una contradicción que atraviesa la historia del Río de la Plata. Es frustrante sentir que el potencial natural no se traduce en bienestar cotidiano. Para entender por qué ocurre esto, hay que mirar varios frentes:

EL FENÓMENO DEL COSTO PAÍS

Vivir en Uruguay es caro por una combinación de factores estructurales que son difíciles de mover: Somos pocos. Al ser un mercado pequeño, no hay «economía de escala». Traer un producto o fabricarlo para 3 millones de personas siempre será más caro por unidad que para 40 o 200 millones.  Al no producir petróleo y tener una infraestructura de transporte muy dependiente del camión (y poco del tren o barco interno), el costo de mover cualquier mercadería encarece todo el estante del supermercado.

El Estado uruguayo es grande y tiene una red de protección social importante, pero mantener eso requiere impuestos altos que recaen sobre el consumo y las empresas.

DE ESPALDAS AL CAMPO Y AL MAR?

Esta es una de las críticas históricas más aguda.

Históricamente, el país se pensó desde el puerto de Montevideo. Eso generó una cultura urbana que a veces mira al «interior» como algo lejano o meramente extractivo, perdiendo la oportunidad de agregar valor (procesar la materia prima) donde se produce.

A pesar de tener cientos de kilómetros de costa y una ubicación estratégica, no hemos desarrollado una flota pesquera o comercial propia de gran escala. El mar se ve como recreación (turismo) y no como una matriz productiva soberana.

POR QUÉ CIERRAN LAS EMPRESAS Y LA GENTE SE VA?

El cierre de empresas suele ser un síntoma de la falta de competitividad. Cuando producir aquí cuesta el doble que en el país de al lado, las empresas se mudan o cierran porque no pueden competir con lo importado.

La gente joven y capacitada se va no siempre porque no haya qué hacer, sino porque el techo de crecimiento es bajo y el costo de vida es asfixiante. Es una pérdida de capital humano que el país ya pagó (en educación) pero que aprovechan otros.

EL ESTADO COMO “AMORTIGUADOR” DE ERRORES

En Uruguay existe una tradición de Estado protector. Esto tiene un lado positivo (paz social, salud pública), pero un lado complejo:

Cuando un sector privado colapsa o una gestión pública falla, el «salvataje» sale de los impuestos de todos.

Esto genera un círculo vicioso: para cubrir esos errores, se suben costos o tarifas, lo que vuelve a encarecer la producción, provocando que más empresas cierren.

El país tiene la «riqueza», pero le cuesta transformarla en un motor eficiente. Romper esa inercia requiere dejar de ver al campo y al mar como paisajes y empezar a verlos como industrias tecnológicas, además de alivianar la mochila que cargan quienes intentan emprender.

ARÓN VIERA

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