



La exposición reúne a tres grandes figuras del arte del siglo XX: Pablo Picasso, Joan Miró y Salvador Dalí, destacando tanto sus vínculos personales como sus diferencias artísticas. Picasso influyó en Miró, especialmente en sus inicios con el cubismo, y ambos mantuvieron una amistad duradera. Dalí, el más joven, admiró a los dos desde temprano y buscó acercarse a Picasso en París.
La muestra evidencia un “triunvirato” clave del arte moderno, unido por el surrealismo y por una fuerte raíz en la tradición española. Cada artista está representado a través de su obra gráfica, un campo a veces subestimado pero esencial en sus trayectorias.
De Picasso se exhibe la serie de grabados El entierro del Conde Orgaz, inspirada en El Greco, con una fuerte carga simbólica y freudiana. Su trabajo refleja una búsqueda de una realidad más profunda que lo visible, con gran libertad creativa.
Miró aparece con litografías vinculadas a su colaboración con Rafael Alberti, donde fusiona pintura y poesía en un universo onírico, colorido y de gran imaginación, marcado por su fascinación por el cosmos.
Dalí, por su parte, ilustra La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca mediante grabados experimentales que reflejan su estilo surrealista, obsesionado con los sueños, el subconsciente y su propia biografía.
La exposición también recoge opiniones contrapuestas: mientras su comisaria resalta la importancia y vigencia de estos artistas, algunas voces críticas cuestionan la repetición de estos nombres en detrimento de otros creadores menos conocidos.
En conjunto, la muestra propone una mirada sobre tres genios que revolucionaron el arte y cuya influencia sigue marcando la historia artística contemporánea.

