

La cosa es una mezcla de Luis Buñuel y Facundo Cabral. Un poco aquella película de Buñuel que retrataba a una clase social con sabia ironía, y un poco también esa ingenua visión Robin Hoodiana de Cabral que decía que le gustaba ser amigo de los ladrones.
Ya sé, alguno me dirá que todos tenemos un amigo político, por lo tanto, no podemos tirar la primera piedra, pero, bueno, ta’, no seamos tan literales, vayamos al ladrón-ladrón, liso y llano, al afanancio, ese que se le denomina también “amigo de lo ajeno”, ese que viene roba y se va mientras la policía “practica averiguaciones”….
Mire, le cuento lo que pasó, para que usted no haga especulaciones. Me robaron la computadora, cómo fue, cuándo, por dónde entraron, cuántos fueron no se sabe. Lo cierto es que a las seis de la mañana, cuando me levanté para escribir, no estaba la computadora.
Llamar a la policía a esa hora o ir hacer la denuncia, es como decirle a alguien, “esperá sentado que te van atender”, porque la policía de Wimbledón es así, ¡ah!, porque me olvidé decirle que vivo en Wimbledón. No, no, nunca jugué al tenis ni lo pienso hacer, nada de drive ni de passing shot, ni los quejidos de la Sharapova y el cuerpazo de la afro descendiente Serena Williams, que no es para nada serena, porque cuando calienta los motores, mamita, como hincha el pecho!!!.
Pero, el tenis no tiene nada que ver, lo que tiene que ver, lo claro y concreto es que me robaron la computadora. Uno, como buen wimbledoniano, hijo de padres nacidos en Punta del Sauce Verde, tiene su espíritu positivo, entonces arma su vieja computadora que tenía en lo que mis padres llamaban “galponcito” y se dispone a escribir, pero sucede que se da cuenta que los ladrones se llevaron también el wi-fi, y no tiene internet. Ese espíritu positivo vuelve a brillar y uno sabe que su vieja compu, tiene lectora de diskette (lo que revela su antigüedad), de cd y de pen drive… Los pocos diskettes que están en el galponcito, están rotos, los cd llenos y el pen drive también marchó en las alforjas de los ladrones.
Decido ir a una de esas antiguas casa que aún funcionan, un Cyber-café. Reúno mis apuntes, busco mi billetera, cosa que no encuentro, dudo entre si también se la llevaron los ladrones o mi mujer se la quedó para hacer uso de mis tarjetas. Mi mujer duerme, y despertarla ante de la ocho de la mañana es cometer el sacrilegio más atroz, causal de divorcio, o por lo menos de recordar una a una las palabrotas que se encuentran en el diccionario más mersa.
Busco algunas monedas en los bolsillos, roperos y lugares que acostumbran mis hijos a dejar la plata, y se ve que o cambiaron los lugares o hace tiempo que no tienen un peso, porque ni olor a moneda ni a billete de cien….
Como hay vecinos que se levantan temprano, y por aquí, por Wimbledón, toman mate en la vereda, porque son muchos los que se vinieron de Puntas del Sauce Verde en la décadas pasadas, y se ha formado un barrio, que unos le llaman latino y otro puntasauceño lisa y llanamente.
En el boliche de la esquina encuentro ese buen espíritu puntasauceño y el bolichero me presta plata para poder ir al cyber que está dos cuadras más abajo….”no hay problema vecino, se lo agrego a su larga lista deudora que tiene usted con este modesto comercio”. El viejo Wilt era irónico, cierto, pero tenía razón, mi deuda era desde comienzo de año, han pasado seis meses, que rápido se nos va la vida, y la plata también. Un espíritu solidario como el de Joe Louis, un venerable anciano del barrio, fue como una caricia al alma: “Yo podría prestarle vecino, pero necesito con urgencia hacer una inversión comercial impostergable. Sucede que a mi también me entraron los ladrones y me robaron el único calzoncillo de repuesto que tenía, ahora me queda el que tengo puesto desde hace un par de días. Pero, por si fuera poco, mis únicas media están rotas, y mi disyuntiva es o me compro un nuevo calzoncillo, con lo que soluciono un problema de uso o me compro un par de medias para enfrentar este crudo invierno. Una de las dos cosas va a tener que esperar a que cobre mi pensión a fin de mes….
Uno entiende que los ladrones se lleven lo que consideren conveniente llevar, pero a veces cometen actos de crueldad, porque dejarme sin computadora es como dejarme sin vida, como dejarme sin trabajo, o como le sucede a don Joe Louis, dejarlo sin calzoncillos es como dejarlo a la deriva, al uso y abuso, del único que le queda, con la consiguiente contaminación ambiental que en esos casos sucede….
Aunque me hagan mal, cuando estoy nervioso, fumo un cigarrillo. El bolichero me dice que no tiene, y que no es porque en el barrio haya muchos fumadores, sucede que los ladrones se los llevaron.
El Comisario de Wimbledón es un buen muchacho, y siempre nos aconseja bien, rápido y certero: “Este barrio es de contexto crítico o refuerzan las puertas o se mudan, no hay alternativas. Yo les aconsejo que se vayan, porque la industria del robo está floreciente, y tal como está la situación mundial, si cortamos esta industria quedan muchos sin trabajo. Es cierto, hay algunos ladrones viejos que ya están por colgar los guantes, algunos de guantes blancos, esos no me preocupan porque tienen otros ingresos, pero los de guantes comunes, esos que no quieren dejar huellas simplemente, esos están muy mal y van a necesitar de ustedes para que le salgan de testigo, a ver si se pueden jubilarse y retirarse a cuarteles de invierno.
El Sub Comisario, por su parte, con un espíritu más componedor, más político, alentó en nosotros la esperanza de una solución a los problemas. Sostuvo que la cosa pasaba por los gobernantes…”necesitamos menos rasquetas, menos pelotas de tenis y más patrulleros, y mas pólice…”.- Y agregó para dejarnos contentos: “Yo creo que los menores van a recapacitar y van a dejar de robar, porque ellos no quieren favorecerse de las leyes que los protegen, en el fondo el espíritu de ellos es el halloween, es decir, “dulce o travesuras”, y si los vecinos le dan el dulce de no cerrar bien las puertas ellos hacen travesuras”.
Nos quedamos tan felices, que yo me fui contento al cyber, Joe Louis se decidió por el par de medias y el bolichero, por encargar urgente los cigarrillos…
CAMACA

