

En Puntas del Sauce Verde, en la Universidad local, el semestre que culmina fue dedicado a los aplausos en el curso de Relaciones Públicas y otras cuestiones que dictan docentes de Harvard, Oxford, Cambridge y Calamuchita.
Si serán importante los aplausos en estos tiempos que corren, que todos necesitamos de ellos, en mayor o menor medida, pero necesidad al fin, como el aire que se respira. Dicen los expertos que “el aplauso es reflejo de la presión social que ejerce el grupo”.
Y bueno, algo de cierto hay, porque cuando vamos a ver al Sportivo Puntano, los hinchas de alma, los hinchas de verdad, los que pensamos en positivo en cada acción ofensiva, por más que cada tiro al arco pase desviado diez metros, al costado o por encima del travesaño, aplaudimos, y complementamos con un “bien ahí”, “a la vuelta sale”. Ni que hablar al final del partido tras el heroico empate o la injusta derrota, siempre aplaudimos, y las raras veces que ganamos, aplaudimos el doble.
De acuerdo al estudio sobre los aplausos, los mismos son contagiosos, basta que uno golpee sus palmas que enseguida se suman los demás. Así se explica este fenómeno en el campo de la política. Muchos dicen que hay un elemento extra que se denomina claque, y que a cada frase del orador, aplaude y esa señal encuentra el eco en todos los presentes, por instinto nada más, porque a veces hay oradores que no coordina una frase con otra, y como decía el Vasco Roux …”¡que bien que habla ese hombre!”….
– Y qué dijo?
– Y no sé, no le entendí nada, pero habla lindo, usa palabra que ningún otro, seguro que tiene un Sopena ( Diccionario Ilustrado….)
Uno de los docentes del curso dijo, con claridad meridiana: “Sólo hace falta que un pequeño número de personas comience a aplaudir para que esta forma de expresión se extienda por todo un grupo, y con que uno o dos individuos decidan dejar de batir las palmas, el aplauso se apagará”.
Y ahora uno entiende cuando el anterior Alcalde, allá por el 2008, ante una multitud hablaba de las obras que había construido, de las cosas que había dejado como herencia en su paso por el Sillón Municipal. El claque y tres o cuatro arrancaban los aplausos con fuerza, por inercia el resto aplaudía y así como así, quedaba todo el silencio porque entre aplauso y aplauso se daban cuenta que las obras estaban hecha en su programa de gobierno, pero que nunca fueron plasmadas por esas cosas de la política, ese dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, y el dejó para mañana, y en ese mañana, ganó otro alcalde, bah, no sé si el ejemplo vale, pero, lo cierto es que hay aplausos muy breves en la vida….
De hecho, los investigadores constataron que la duración del aplauso es variable en los distintos grupos analizados. “Los científicos creen que aplaudir es una forma de «contagio social» que refleja cómo las ideas y las acciones ganan y pierden su momentum”, dijo uno de los docentes, quien propuso como contrapartida, para estudio del segundo semestre al silbido, porque hay una relación muy estrecha entre aplausos y silbidos…
Claro que los demás docentes le dijeron que no se apurara, que primero había que terminar con los aplausos, es decir, con el estudio de los aplausos, sobre los aplausos estudiados y otros menesteres y después dedicarse a los silbidos, otra veta muy rica, en soplos que también son contagiosos y que pueden hacer subir a alguien a un pedestal, como derrumbarlos con pocas chifladas nomas…
CAMACA

