



Más allá del brillo, la música y el color, el Carnaval de Salto vuelve a confirmar su peso específico como motor de la economía cultural y del turismo interno. Una fiesta popular que, mientras celebra la identidad, activa una extensa cadena de valor que se derrama sobre toda la ciudad y la región.
El carnaval es, cada año, un fenómeno que desborda las categorías simples. No es solo espectáculo ni únicamente tradición, es economía viva, cultura en acción y territorio en movimiento.
El de este año, en particular, aparece como un carnaval muy bueno, de esos que dejan señales claras para el análisis fino de los expertos y también para la percepción cotidiana de quienes lo viven desde adentro.
Durante semanas —desde la previa precarnavalera hasta bien entrado marzo— la fiesta activa una compleja y extensa red de actores. Artistas, músicos, artesanos, costureras, bordadoras, sonidistas y coreógrafos se entrelazan con hoteleros, gastronómicos, taxistas, comerciantes y prestadores de servicios. Salto se convierte en epicentro, pero el eco del repique se expande hacia los centros termales y otras zonas del departamento, potenciando el turismo y prolongando la estadía de visitantes.
El impacto económico del Carnaval no se concentra únicamente en las noches de desfile. Comienza mucho antes, en los lugares de ensayo, en la confección de trajes, en el diseño paciente de cada detalle, y continúa en la ocupación hotelera, el consumo gastronómico y el movimiento permanente del transporte. Es una dinámica sostenida que moviliza millones y que posiciona al carnaval como uno de los principales impulsores de la economía cultural local.
Pero hay un aspecto que trasciende cualquier balance contable. El carnaval es también zafra laboral para mucha gente humilde, una oportunidad concreta de ingresos para clubes, cantinas, cooperativas, comisiones barriales y organizaciones que encuentran en la fiesta una forma digna de trabajo y de encuentro comunitario. Allí donde la cultura se vuelve sustento, el arte deja de ser lujo para convertirse en herramienta social.
BENDITO CARNAVAL
Bendito sea el carnaval: por ser la fiesta del pueblo, por sostener identidades, por generar trabajo y por arrimar, aunque sea por un tiempo, un alivio económico a tantos hogares. En su música y en su danza no solo late la alegría; también palpita una economía que canta, persiste y se reinventa al ritmo del tambor.
DALTON BENNETT

