

El Carnaval de Salto venรญa afinado, con redoblantes contentos, plumas al viento y pintando lindo. Pero de pronto, como rรกfaga fuera de libreto, apareciรณ la idea mรกs extraรฑa del verano: pedirle a la prensa que no opine, no comente y no elija. Una humorada digna de tablรณnโฆ o de un sketch murguero que todavรญa no estrenรณ.
LA COSA PINTABA LINDA
El Carnaval de Salto se habรญa alborotado de golpe, como corresponde. Elecciรณn de reinas, ensayos de escuelas de samba, de murgas, de lubolos, ese caos hermoso que anuncia que Momo anda cerca y que nadie duerme del todo bien. Todo pintaba lindo. Todo sonaba a fiesta.
HASTA QUE LLEGร EL VENDAVAL
De pronto, la gremial de escuelas de samba โorganizadora legรญtima de sus desfiles, vale decirloโ decidiรณ ir un pasito mรกs allรก del brillo, el ritmo y la logรญstica, y entrรณ en un terreno mรกs resbaloso, sugerirle a la prensa que no opine. Que no comente. Que no diga cuรกl espectรกculo le gusta mรกs.
Una especie de carnaval sin comentarios, como asado sin sal o murga sin retirada.
La idea es tan novedosa que cuesta imaginarla. Porque si la prensa no puede opinar de carnaval, ยฟde quรฉ puede opinar entonces? ยฟDel clima? ยฟDel precio del tomate? ยฟDe la humedad relativa del samba?
Y ojo, no estamos hablando de faltar el respeto, de agraviar ni de pegar por pegar. Estamos hablando de lo mรกs bรกsico del oficio: mirar, contar y opinar.
COMO BROMAS DE CARNAVAL, QUIEN SE ENOJA PIERDE
Ahora bien, llevemos este planteo un poquito mรกs lejos, solo por diversiรณn โporque todo esto, claramente, es una gran humoradaโ.
Imaginemos que las murgas dicen: โSe puede mirar, pero no comentarโ.
Que los lubolos agregan: โBailar sรญ, opinar noโ.
Que los parodistas aclaran: โReรญrse estรก permitido, pero analizar el espectรกculo queda prohibidoโ.
Serรญa un carnaval mudo, con pรบblico emocionado pero amordazado, aplaudiendo en silencio y comentando en lenguaje de seรฑas para no molestar.
Y SI SE AGRANDA LA REPRE?
Y ya que estamos, sigamos el juego.
ยฟQuรฉ pasarรญa si los clubes de fรบtbol se suman?
โNo se habla del juez.โ
โNo se opina del tรฉcnico.โ
โNo se comenta el 4-0 porque puede herir susceptibilidades.โ
El periodismo deportivo quedarรญa reducido a leer el marcador y agradecer.
Y si los artistas plรกsticos piden que no se interprete el cuadro.
Si los escritores exigen que no se opine del libro.
Si los mรบsicos aceptan aplausos, pero rechazan crรญticas.
ยฟY los polรญticos? Bueno, ahรญ sรญ que se nos arma el silencio eterno.
No se puede hablar de nadie.
No se puede opinar de nada.
No se puede disentir.
Ni siquiera coincidir, por las dudas.
Las chismosas del barrio tendrรญan que jubilarse.
Los cuenteros cerrar el boliche.
Los mentirosos quedarรญan sin trabajo.
Y los que dicen la verdadโฆ esos menos que menos.
Por suerte, todo esto es un chiste.
Una exageraciรณn.
Una humorada de carnaval.
Porque el Carnaval, como la democracia, vive del ruido, del comentario, de la discusiรณn, del โme gustรณ mรกs esteโ, del โaquello no tantoโ, del aplauso y tambiรฉn del bostezo.
El Carnaval no necesita aplausos obligatorios ni silencios sugeridos. Necesita libertad.
Las escuelas de samba organizan sus desfiles, sรญ. Y estรก muy bien.
Pero hay cosas que no se pueden cercenar:
la mirada,
la palabra,
la opiniรณn.
La prensa no estรก para molestar, estรก para contar.
Y opinar no es atacar: es participar de la fiesta desde otro lugar.
Si el carnaval no se puede comentar, deja de ser carnaval y pasa a ser desfile de porcelana: lindo, brillanteโฆ y frรกgil.
Tomรฉmoslo con humor, porque el carnaval se rรญe de todo, incluso de sรญ mismo. Pero no perdamos de vista lo esencial: sin opiniรณn no hay fiesta completa.
Que suene el samba, que cante la murga, que baile el luboloโฆ y que la prensa opine.
Porque el dรญa que el carnaval pida silencio, ese dรญa Momo no vuelve mรกs…
CAMACA

