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En un dΓ­a de Reyes…

 

Era por allΓ‘ por el aΓ±o 1964…calle 8 de octubre al 19, un dΓ­a de Reyes a la maΓ±ana. Me habΓ­a despertado y encontrado con un par de juguetes que en el correr de la maΓ±ana se multiplicaron. No sΓ© si porque todos me veΓ­an alma de Fangio o que, por mis viejas andanzas en un triciclo por la vereda, pero lo cierto era que me regalaban autitos de metal, con los modelos de entonces. En el patio techado, y de piso de baldosa yo ponΓ­a los autitos y jugaba, le daba impulso hasta el joven nΓ­spero que estaba a la izquierda, junto al patio o al Qaki que estaba a la derecha…sobre los autitos puedo decir que yo tenΓ­a unos parientes mayores que yo, que muchas veces me los desarmaban Β«para ver lo que tiene adentroΒ», pero esa es otra historia. Restos de pastos, recipiente de agua vacio, y en la calle los gurises de las cuadras alborotaban la maΓ±ana con sus juguetes nuevos. Yo pensΓ© en jugar un ratito mΓ‘s con mis chiquituras y luego integrarme a la barra aun picado, al lado de la herreria de los Di Napoli, en el baldio que tenΓ­a en el fondo un gran ombΓΊ…En eso estaba cuando sentΓ­ unos golpes de mano. Era el niΓ±o de todos los dΓ­as, el del Β«no tiene algo que me deΒ». Y si bien no tenΓ­amos mucho para dar, la vieja siempre le preparaba algo, cada maΓ±ana, porque de penuria ella sabΓ­a un montΓ³n y siempre nos decia, Β«cuando se puede compartir, se comparteΒ», o Β«si no tienen para convidar, no coman delante de los demΓ‘sΒ». El niΓ±o, era carita redonda, tenΓ­a dos cΓ­rculos rosados en los cachetes, ojos claros, pelo crespo, como el mio y solo golpeaba las manos, hacia el pedido y daba las gracias cuando se iba. Nunca supe como se llamaba, si que era mΓ‘s o menos de mi edad, callado, de ropas sencillas, pero limpias. Yo lleguΓ© hasta Γ©l, con lo que me dio mi madre para alcanzarle y con un autito en la otra. El miraba sin quitarle los ojos a la mano en que llevaba el juguete. Le di lo que me dio mamΓ‘ que rΓ‘pidamente puso en su bolsa, agradeciΓ³, y cuando se iba a dar vuelta, le dije…tomΓ‘ y le alcancΓ© mi juguete, era un autito, Rambler entre verde y celeste, me mirΓ³ con ojos tan bondadosos que pocas veces vi en los cincuenta aΓ±os siguientes de mi vida. Me dijo..Β»gracias, muchas graciasΒ» y se fue sonriendo, rapidito. Pasando la casa de los Galluzzo, en la vereda de los Potter, casi calle Blanes… el niΓ±o estaba arrodillado, jugando con su juguete…Como decΓ­a la vieja…Β»Cuando se puede compartir, se comparteΒ», y se pudo….

CAMACA

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