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Inventamos una categorΓ­a nueva: el remate de multas del Estado.
SΓ­, asΓ­ como se escucha. Multas con 50% de descuento, a mitad de precio, en cuotas… solo falta que le den puntos para canjear por otra infracciΓ³n.
Ahora, mΓ‘s allΓ‘ de la sonrisa que provoca, mire los nΓΊmeros. En un solo aΓ±o se aplicaron mΓ‘s de un millΓ³n de multas y se recaudaron decenas de millones de dΓ³lares. Pero dos tercios de esas multas no se pagaron.
Traducido al idioma de la calle: el sistema apretΓ³ tanto que la gente dejΓ³ de pagar.
Y entonces aparece la soluciΓ³n mΓ‘gica: rebajamos todo a la mitad y lo financiamos.
Esto no es una polΓ­tica pΓΊblica. Esto es una liquidaciΓ³n.
El caso del sistema de cobro vehicular es casi una pieza de teatro. Primero nos explicaron, muy seriamente, que no se podΓ­an mezclar tributos con sanciones. Que la patente era una cosa y la multa otra. Principios republicanos, orden jurΓ­dico.
Ahora vuelven a juntar todo… pero con descuento.
O sea, el problema no era mezclar. El problema era no cobrar.
Y en el medio aparecen situaciones directamente absurdas. El ciudadano que pagΓ³ todo en fecha, que cumpliΓ³, que hizo lo correcto, ahora se entera de que le devuelven parte de lo que pagΓ³.
Se invirtiΓ³ la lΓ³gica: el que cumple no es el ejemplo, es el que financia la promociΓ³n.
Ya no hablamos de ciudadanos. Hablamos de clientes. Y el que paga bien es el mejor cliente del sistema.
Entonces vale hacerse una pregunta incΓ³moda: ΒΏen quΓ© momento la multa dejΓ³ de ser una herramienta para cuidar la vida y pasΓ³ a ser un instrumento para recaudar?
Porque cuando una multa es tan alta que nadie la paga, despuΓ©s se reduce, se financia y se negocia, lo que fallΓ³ no fue el conductor. FallΓ³ el sistema.
Y si hay un caso donde esto se vuelve directamente insostenible es el del transporte de carga.
Hay multas que alcanzan cifras que, en la prΓ‘ctica, equivalen a fundir una empresa familiar. No estamos corrigiendo una infracciΓ³n. Estamos expulsando gente del mercado.
Y por si faltara algo, tambiΓ©n aparecen propuestas de escritorio que obligan a parar al chofer cada pocas horas, aunque estΓ© en plena ruta.
Un camiΓ³n en marcha, el trabajo fluyendo, y de pronto hay que detener todo. Media hora. Sin condiciones reales de descanso, sin lΓ³gica productiva.
El resultado no es mΓ‘s seguridad. Es mΓ‘s cansancio, mΓ‘s demora y mΓ‘s tiempo lejos de la familia.
Y uno se pregunta si quienes diseΓ±an estas reglas conocen el trabajo real o si lo imaginan desde un escritorio.
Porque llevado al extremo, esto tambiΓ©n vale para el transporte de pasajeros: el Γ³mnibus detenido en la ruta, la gente esperando, el chofer sin poder descansar de verdad… y todos retomando viaje en peores condiciones que antes.
Hay regulaciones que cuidan. Y hay regulaciones que complican.
Y este tipo de medidas, mΓ‘s que ordenar, parecen hechas para un mundo que no existe.
Y ademΓ‘s, con una incoherencia difΓ­cil de explicar: a algunos se les flexibiliza, a otros se los castiga con todo el peso.
Un sistema que guiΓ±a un ojo de un lado y castiga del otro no es justo. Es imprevisible.
Y cuando el sistema es imprevisible, deja de educar. Empieza a generar rechazo.
Mientras tanto, el ciudadano comΓΊn enfrenta otro capΓ­tulo de esta historia: la patente. Si siente que estΓ‘ mal calculada, tiene que reclamar, esperar, insistir… y mientras tanto pagar igual.
No es un trΓ‘mite. Es una peregrinaciΓ³n.
Multa, patente, reclamo, ventanilla… y, con suerte, una respuesta cuando el problema ya perdiΓ³ sentido.
En medio de todo esto, el sistema se presenta como comprensivo. Te dice: β€œsabemos que los montos son altos… ahora te damos una oportunidad, pagΓ‘ la mitad”.
Es una escena curiosa: primero te aprieta y despuΓ©s te felicita por respirar.
La pregunta de fondo es simple: ΒΏesto mejora la seguridad vial?
Porque si la conducta no cambia, pero lo que cambia es el descuento, entonces no estamos frente a una polΓ­tica de trΓ‘nsito.
Estamos frente a una polΓ­tica de caja.
Y el mensaje que queda flotando es peligroso: manejΓ‘ como puedas… que despuΓ©s vemos cuΓ‘nto te cobramos y cuΓ‘nto te perdonamos.
En un paΓ­s serio, las reglas son claras, las sanciones son proporcionales y la gente las cumple porque entiende su sentido.
AcΓ‘ estamos construyendo otra cosa.
Un sistema donde la multa se acumula, se negocia, se rebaja y se financia.
Un sistema que no ordena.
Administra.
Y cuando el trΓ‘nsito se transforma en un remate, lo que estΓ‘ en juego no es la recaudaciΓ³n.
Es la credibilidad.

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